Tragedia. Un drama que promete provocar muchas lágrimas

"PD: Te amo", un filme sobre el duelo

Podría haber sido un melodramón insoportable, un bodrio lacrimógeno hipersaturado de golpes bajos porque la anécdota así lo propiciaba.

Es que esta historia sobre pareja feliz donde el marido muere -por enfermedad terminal- pero deja preparada una serie de cartas para que su futura viuda pueda sobreponerse al dolor, ya suponía una depresión inexcusable.

Sin embargo, la pericia guionística de Steve Rogers junto al propio director Richard Lagravenese hace que » Posdata: te amo» pueda considerarse como una comedia sentimental razonablemente llevadera, que no deja de sorprender con un constante chisporroteo de diálogos inteligentes. Basado en una novela original de Cecilia Ahern, el filme no fuerza situaciones ni se aparta de un necesario nivel de verosimilitud para llevar adelante esta propuesta de difícil credibilidad de su desarrollo argumental.

Es que hay cierta frescura que va más allá de su indudable sentimentalina comercial y las razones de esta extraña naturalidad, probablemente, también puedan encontrarse por el lado de un sólido elenco reforzado con las oscarizadas Hylary Swank y Kathy Bates junto a Gerard Butler, el nuevo actor de moda de la pantalla grande.

La fórmula funciona si uno no pretende un tono de cine independiente a la manera de Todd Solondz; esto es un producto hábilmente diseñado y que guarda un equilibrio coherente dentro del indisimulable objetivo taquillero. De todas maneras, abordar este tema tan peculiar era todo un riesgo que bien podría haber fracasado rotundamente. Aunque de vez en cuando la gente paga para llorar (¿recuerdan » Love Story»?), todo depende de la manera en que se sirva el plato.

En esta ocasión Lagravenese (que ya tenía credenciales de similar balance con el guión de » Pescador de ilusiones») logra sortear las trampas del caso y hasta se permite eludir finales previsibles para desembocar en alguna que otra vuelta de tuerca.

No es un peliculón pero zafa de las bobadas habituales y hasta tiene su encanto. Incluso el catapultado Gerard Butler (» El fantasma de la Opera»; » 300″) demuestra una atendible versatilidad y no desentona en esta rutina tragicómica que también podría haberse transformado en una cáscara de banana para el actor.

Por el contrario, tanto Butler como Swank pasan la prueba de fuego sin quemaduras de ningún tipo y, como decía Shakespeare, «el asunto propone un tránsito con un ojo risueño y el otro vertiendo llanto». El riesgo puede correrse.

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