
-¿Qué está haciendo actualmente?
-Estoy en un momento muy fructífero con el grupo “Ménades, danza y teatro”. Es un trabajo solidario en el que utilizamos canciones de Viglietti, Piazzolla y realizamos una pieza para las Madres de Mayo. Es un grupo de chicas de entre 20 y 24 años. Son gente abocada, inteligente y muy sensible. Además contamos con Mario Aguerre, que es docente de la EMAD, y les enseña la técnica del teatro.
-¿Está preparando algún evento?
-Ahora vamos a tener uno en Agadu, el Día Mundial de la Danza, que se celebra el próximo 29 de abril. Ahí vamos a presentar nuestro homenaje a las Madres de Mayo y un tango de Piazzolla.
-¿Qué se necesita para bailar?
-Disciplina y amor a la danza. Hay que tener en cuenta que es un arte efímera, no queda ningún registro de ella como sucede con las partituras de un músico o lo que escribe un poeta. Además se practica por un corto plazo, hasta los 40 o 50 años, depende de lo disciplinada que sea la persona. Todo lo que sea dispersiones, alcohol, cigarro, repercute de forma negativa. Por el contrario, el trabajo y el estudio de la danza extienden la carrera. Hay que comer bien, ya que es una actividad que tiene un desgaste terrible tanto físico como psíquico. Como decía Yves Casati, un maestro que tuve en Francia, “Se baila con todo, hasta con el pelo y las uñas”.
-¿La danza que enseña es muy estructurada?
-En la danza moderna y contemporánea, que es lo que hago, se da importancia a la improvisación, a diferencia de la clásica que tiene códigos más estrictos. La improvisación te permite usar más la imaginación.
-¿Qué pasos sigue en sus clases?
-Primero lo correctivo, todos tenemos algún problema de pie plano, columna doblada, etc. Hay que quitar los dolores, ir aprendiendo a dominar el cuerpo. Hay que ser inteligente, algunos saltan bien otros estiran bien, cada uno debe buscar lo que domina más, en lo que se siente más cómodo. Lo más conveniente a su morfología.
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