LIBROS Recreación. "Tiempos violentos", la sangrienta peripecia de un controvertido caudillo

La lucha por el poder y la institucionalización del odio

En «Tiempos violentos», la novelista Mercedes Vigil («Una mujer inconveniente», «El alquimista de la rambla Wilson», «El coronel sin espejos» y «El mago de Toledo», entre otros títulos), asume la recreación de la siempre controvertida figura del general Venancio Flores.

Flores, que nació en Trinidad en 1808 y murió asesinado en Montevideo en 1868, fue militar, jefe político, presidente y dictador, tomando parte, además, en la Cruzada Libertadora que se inició con el desembarco de los treinta y tres orientales.

Luchó en la Guerra Grande contra Oribe y Rosas, participó en la batalla de Cagancha y, al inicio del Sitio Grande, fue designado comandante militar, convirtiéndose, luego, en una influyente figura del Partido Colorado.

En 1853, cuando Juan Francisco Giró renunció a la presidencia, Flores integró un triunvirato con Fructuoso Rivera y Juan Antonio Lavalleja.

Tras el fallecimiento de ambos, el militar asumió el poder, siendo electo presidente constitucional de la república hasta marzo de 1856, para completar el período de Giró.

Luego de un período de residencia en la provincia argentina de Entre Ríos, en abril de 1863 encabezó una revolución contra el gobierno fusionista, que inauguró una cruenta guerra civil.

Perpetró sendas masacres en Florida y Paysandú, antes de entrar triunfante en Montevideo, en febrero de 1865.

Como dictador, celebró una alianza con Brasil y Argentina para atacar a Paraguay, país que fue devastado en la denominada Guerra de la Triple Alianza.

En febrero de 1868, fue asesinado en Montevideo, magnicidio sobre el cual se tejieron múltiples hipótesis, que originó otras situaciones de violencia.

«En tiempos violentos», Mercedes Vigil asume la ardua recreación de este polémico protagonista de nuestra historia, a través de la voz de un personaje de ficción: Fermina, la criada negra de la familia Flores.

En este relato, que recrea medio siglo de violencia, traición, heroísmo y barbarie, desfilan las peores inclemencias de esa época de odios viscerales e intolerancia: la guerra, la muerte, la lucha por el poder y hasta el cólera que asoló a San Felipe y Santiago de Montevideo.

El testimonio de la narradora, que es una mujer letrada, registra el comienzo de la transición del más salvaje caudillismo de antaño y la lucha de divisas, al Uruguay moderno.

Más allá de eventuales miradas subjetivas, la obra plasma los agudos antagonismos de un país en pleno trabajo de parto y terriblemente fracturado entre caudillos y doctores, militares y políticos.

A menudo, la dispersa población vivía en la permanente incertidumbre de no saber con certeza quién o quiénes tenían el control de la situación, por la inverosímil convivencia entre varios poderes paralelos.

De algún modo, más allá de visiones críticos o apologéticas, la narradora corrobora que el controvertido Venancio Flores fue un militar duro, disciplinado y con un inconmovible concepto de la autoridad, cuya historia personal estuvo asociada a un tiempo de odios, enconos y desmedidas ambiciones personales.

Su cuasi veneración por Fructuoso Rivera, a quien siguió a sol y sombra, sólo puede ser interpretada como una actitud de lealtad y no de dignidad, por la justificada controversia que genera la figura del ex presidente y fundador del Partido Colorado.

Aunque se pueda admitir que Venancio Flores debe ser visualizado desde la perspectiva de su tiempo, es indudable que su historia negra ­que en esta novela no está claramente explicitada- tiene su génesis en algunos de los episodios más violentos que lo tuvieron como protagonista.

Mediante múltiples voces registradas en el relato, que son amplificadas por la de la circunstancial cronista, Mercedes Vigil evoca las grandes tragedias de la Guerra Grande y su paranoia fratricida, el deshonor de la alianza con potencias extranjeras y la sorda lucha por el poder doméstico.

El violento siglo XIX pasa raudamente ante los ojos del lector, lo cual confirma, en forma irrefutable, que la historia fue escrita casi siempre por los ganadores y quienes tuvieron la intrínseca capacidad para manipularla a su antojo y conveniencia.

En este contexto, el fuerte protagonismo de la propia esposa de Flores opera como discurso justificador de todos los atropellos cometidos por este oscuro personaje de nuestro turbulento pasado.

El jefe militar, luego devenido en presidente y dictador, fue partícipe directo de enconadas disputas por la hegemonía política de un país que aún estaba muy lejos de ser tal, pese una promocionada independencia que fue otro de los mitos instalados en el imaginario de la época.

La autora registra minuciosamente la rivalidad y los permanentes disensos del militar con el denominado fusionismo, revelando los enfermizos odios que enfrentaban a los caudillos rurales con los doctores de la ciudad, que siempre vivieron en el limbo.

Ese parto de nalga que fue el nacimiento del Uruguay moderno, estuvo fuertemente estigmatizado por ambiciones, autoritarismos, masacres, pactos contra natura y hasta recordadas alianzas con potencias extranjeras.

Desde la horrenda matanza de Quinteros hasta los genocidios de Florida y la heroica Paysandú, todo el relato se tiñe de sangre oriental vertida por la prepotencia, los voraces apetitos de poder y la flagrante injerencia de actores extranjeros con intereses económicos y geopolíticos en la región.

El relato marca la descarnada crucialidad de esos acontecimientos, en los cuales el protagonismo de militares y políticos, casi siempre relega al hombre común a un papel de agonista y testigo meramente marginal.

Esas cruentas circunstancias minuciosamente narradas por la ficticia relatora, se entrecruzan con la vida cotidiana de la ciudad, fuertemente conmovida los avatares de esos sucesos, el dolor, la colectiva incertidumbre y la desolación.

Mercedes Vigil ensaya una atenta mirada a las costumbres de esta cosmopolita tierra de inmigrantes, donde las nacientes experiencias de acumulación capitalista se solían dar de bruces contra la cultura de a caballo, los alzamientos, las montoneras y las implacables venganzas.

Aunque la abolición de la esclavitud es un tema vertebral de esta historia, el propio discurrir literario corrobora que esa situación no transformó a los negros en individuos realmente libres.

Uno de los episodios más impactantes que recrea la novela, es la infame Guerra de la Triple Alianza, que alineó a nuestro país comandado por Venancio Flores, con Bartolomé Mitre y el emperador del Brasil.

El arrepentimiento que parece esbozar el general oriental en la ficción, no alcanza, obviamente, para justificar la inmoralidad de haber participado en el genocidio del pueblo paraguayo.

Como es habitual, Mercedes Vigil propone una solvente construcción literaria de trazo bien novelesco, mediante un fluir narrativo ágil, preciso y casi siempre bien documentado, que abunda en vívidas descripciones, tanto de situaciones como de personajes.

Sin embargo, asume una mirada bastante indulgente con el personaje protagónico del relato, que relativiza y hasta minimaliza algunos de sus peores actos de barbarie.

Más allá de eventuales virtudes literarias, «Tiempos violentos» constituye una renovada materia de debate, que nos convoca a reflexionar sobre los subjetivos abordajes de la historia, sus dilemas y eternas controversias.

(Editorial Planeta) Hugo Acevedo |

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