Las grandezas y miserias de la milenaria comedia humana
En «Espejos», el escritor y periodista Eduardo Galeano ensaya una aguda mirada reflexiva sobre la historia de la humanidad, en un discurrir que no soslaya explícitas referencias a las peores miserias y calamidades del pasado y el presente.
Galeano es una de las plumas más osadas e incisivas de la literatura uruguaya contemporánea, cuyo prestigio ha trascendido, con absoluta justicia, las fronteras de nuestro país.
Su obra cumbre es «Las venas abiertas de América Latina», en la cual el autor denuncia el feroz saqueo y expoliación que ha padecido nuestro continente, desde hace cinco siglos.
Este título crucial de su producción literaria que conoció numerosas reediciones, ha posicionando a Galeano como un severo fiscal de los excesos del poder, las prácticas neocolonistas y las agresiones imperialistas que registra la memoria colectiva.
Su extenso aporte a la reflexión se materializó en otros recordados libros de su autoría: «Vagamundos y otros relatos», «La canción de nosotros», «Días y noches de amor y de guerra», «Memorias del fuego I (Los nacimientos)», «Memorias del fuego II (Las caras y las máscaras), «Memorias del fuego III (El siglo del viento)», «El libro de los abrazos», «Las palabras andantes», «Patas arriba» y «Bocas del tiempo».
La agudeza de sus enfoques ha transformado a Galeano en un autor comprometido con su tiempo histórico y un privilegiado observador de la realidad.
En «Espejos», el autor transita raudamente los territorios de la milenaria historia, confirmando que la peripecia humana ha sido siempre una experiencia tortuosa y un sendero sinuoso y a menudo claustrofóbico.
La radical crucialidad de sus abordajes está atravesada por la impronta de la crítica, que fustiga recurrentemente a la soberbia, el despotismo, la prepotencia y la mentira.
Ensayando un auténtico ejercicio de demolición de mitos instalados desde milenios en el imaginario colectivo, Galeano inaugura su extenso periplo literario en la propia cuna de la civilización, donde nació la escritura que iluminó la sabiduría humana, pero también un tortuoso itinerario de calamidades.
Ese osado discurrir por la antigua Mesopotamia devenida a la sazón en el devastado Irak contemporáneo, comporta una aproximación a las tragedias del presente: la guerra, la ocupación, el ultraje a la soberanía, el saqueo de las riquezas y hasta la destrucción de patrimonios universales.
El ensayista confirma que siempre las grandezas mutaron con el tiempo en amargas decadencias, desde el monumental Egipto de los faraones, hasta las tragedias griegas de enconadas batallas fratricidas y el naufragio del imperio romano, devorado por sus propias tensiones y delirios mesiánicos.
La pluma del autor se abre paso a través de múltiples caminos de remotas regiones, redescubriendo las miserias e irrefrenables pulsiones humanas que sepultaron brillantes civilizaciones bajo el manto del olvido de un pasado contradictorio.
Eduardo Galeano no renuncia a la recreación mitológica, para recuperar numerosos personajes y situaciones, confirmando o desestimando la intrínseca validez de leyendas y creencias, que casi siempre abrevan abundantemente de la historia.
Esa suerte de antropología literaria le permite desmitificar, por ejemplo, a las cruzadas que, en nombre de Dios, arrasaron ciudades, robaron, asesinaron y violaron todo a su paso.
Esta novedosa y provocadora mirada transforma a los «soldados de la cruz» no en redentores como registra el falaz discurso oficial de la Iglesia Católica, sino en meros criminales.
El ensayista y narrador cuestiona esas aberraciones y las aventuras de conquista que Biblia en mano- otrora devinieron en dolor, exterminio, muerte y desolación.
La sucesión de relatos breves pero elocuentes que conforman esta obra, ratifican que si la Edad Media fue un tiempo de plomo, no lo fue menos la recurrentemente ponderada modernidad.
Al prodigio del promovido renacimiento de las artes, las ciencias y la construcción de los saberes universales, se opusieron renovadas intolerancias, rancios fanatismos y voracidades imperialistas.
Mediante su particular percepción de la realidad, el autor evoca y resignifica las eternas dualidades y contradicciones de la condición humana, los despotismos espirituales que transformaron a la razón en pasto de las hogueras de la inquisición y a la devastada América en el teatro de la peor hecatombe de la historia.
Confirmando la indudable vigencia de su obra de culto «Las venas abiertas de América Latina», Galeano denuncia nuevamente la pesadilla de un continente expoliado, cuyas civilizaciones fueron exterminadas y sus riquezas inmoralmente saqueadas.
Naturalmente, esa suerte de dramático drenaje adquiere contemporáneamente renovada actualidad, por la hegemonía del imperialismo unipolar y del cada vez más globalizado capital transnacional.
Galeano fustiga la esclavitud con cadenas y sin cadenas y la prepotencia del poder, en un discurrir que no soslaya la desmitificación de la propia revolución francesa, que decapitó a la monarquía y luego se decapitó a sí misma.
Sin respetar un orden rigurosamente cronológico, el ensayista construye una nueva historiografía que desestima toda visión complaciente, para ingresar en los territorios más tortuosos del pasado y el presente.
Esa dialéctica del desencanto se sitúa obviamente en los paisajes contemporáneos, para poner bajo la lupa a los totalitarismos del siglo XX, que devinieron en sendas guerras de exterminio y en desastres de dimensión universal.
El incesante ejercicio de demolición de mitos apunta toda su artillería, por ejemplo, al imperialismo más perdurable de la modernidad, que, insólitamente, suele pontificar mediante su credo presuntamente democrático.
En ese contexto, reconfirma que esa prédica es un mero discurso vacío de sustancia y funcional a un proyecto de dominación que, durante el siglo pasado y el presente, arrasó con las soberanías de numerosos pueblos americanos y de remotas regiones del planeta.
El osado abordaje crítico no omite, naturalmente, las aventuras neocoloniales europeas que se apropiaron del África negra, la explotaron salvajemente y la transformaron en una auténtica pesadilla. Esos terribles crímenes, obviamente, permanecen impunes.
De algún modo, este abordaje revisionista de la historia corrobora que las verdaderas invasiones bárbaras fueron protagonizadas y perpetradas por las grandes potencias dominantes, de ayer y de hoy.
En ese entrecruce de relatos y evocación de hitos que laceran la memoria colectiva, no faltan explícitas referencias a los crímenes cometidos por las dictaduras de la región y sus secuelas de muertos y desaparecidos.
Estos «Espejos» del pasado y el presente, comportan elocuentes imágenes de una humanidad recurrentemente alienada, que, en pleno tercer milenio, aún se debate en un agitado océano de incertidumbres e irracionales contradicciones.
Eduardo Galeano reafirma su intrínseca vocación de compromiso con la verdad y la demolición de la mentira institucionalizada, en una obra que convoca a reflexionar en torno a los grandes dilemas de todos los tiempos.
(Ediciones del Chanchito)
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