Leyenda. Uno de los actores más reconocidos de todos los tiempos

Sean Connery, el rey de corazones

Thomas Connery nació en Edimburgo (Escocia) el 25 de agosto de 1930, y se crió en plena depresión mundial. Su padre, Joe Connery, era conductor de camiones de origen irlandés, y su madre, Euphemia, era ama de casa.

Thomas aún era un niño cuando tuvo que comenzar a ayudar con su trabajo para el mantenimiento de la familia. Su primer empleo consistió en recoger bidones de leche en una carretera que unía varias granjas.

En 1943, Joe Connery, el cabeza de familia, tiene que trabajar montando motores de aviones en la fábrica Rolls Royce, tras estallar la Segunda Guerra Mundial.

Por otra parte, Thomas comienza sus estudios en la escuela de Daroch, sin olvidarse de sus dos grandes aficiones, el fútbol y el boxeo, deportes que en esa época le interesaban más que los libros.

A los quince años su afán de aventuras hace que se enrole sin consultar a sus padres en la Marina Real. La duración del alistamiento era de siete años, pero tras el período de instrucción en un portaviones, fue destinado a la fría y desolada base de Portsmouth, nada que ver con la idea que Sean Connery tenía en mente, sobre «ver mundo».

No es extraño que tras unos meses de rigurosa disciplina militar, que tan poco tenían que ver con su carácter, el joven Connery enfermó del estómago. Tras pasar por el hospital militar, le diagnosticaron una úlcera. Por esta razón a los tres años de su ingreso en la Marina Británica fue dado de baja del servicio activo.

Thomas, con 19 años, se encontró en la calle sin empleo ni formación. Pero era un hombre con iniciativa: trabajó como albañil, minero, obrero en una fundición, carpintero, futbolista, bailarín, salvavidas, empleado de pompas fúnebres y hasta modelo de la Escuela de Bellas Artes de Edimburgo, donde posaba desnudo.

Gracias a su amigo Jimmy Laurie se presenta en 1953 al concurso de «Míster Universo»‘, celebrado en Londres, representando a su país natal, Escocia, y quedando tercero en el evento.

 

Los duros comienzos

A finales de 1951, su afán por encontrar un trabajo y un salario con los que pudiera estar satisfecho, hace que, por mediación de un amigo, entre en el mundo del espectáculo como tramoyista. El caso es que le gustó aquel ambiente que le era completamente ajeno. Su siguiente experiencia será el trabajar como extra durante cinco semanas en el espectáculo «Sixty glorious years».

Por aquella época, le ofrecieron un papel en el coro masculino de «Al Sur del Pacífico», una comedia musical de Oscar Hammerstein, con la que consigue recorrer triunfalmente toda Gran Bretaña.

Con grandes posibilidades para triunfar dentro del espectáculo, Thomas decide en 1953 cambiar su nombre por el de Sean, sacando la idea de la visión de ‘Shane’, la película de George Stevens.

Entusiasmado por enfrentarse a este nuevo reto, desde entonces se llamará Sean Connery, un nuevo cambio que le ofrece trabajar con pequeños papeles en varias obras de teatro. El papel en el coro de «Al Sur del Pacífico» le reportó la posibilidad de firmar un contrato con la BBC, aunque no se sentía cómodo en aquel ambiente: no era de los antiguos de la cadena, no contaba con una formación adecuada y no tenía aspecto de inglés. Aún así, participó en algunas series de aquella época.

En 1957, el director de la BBC, Alvin Rakof, que a la sazón preparaba la obra de «Requiem por un peso medio» para estrenarla en directo, se quedó sin actor protagonista. Una actriz amiga suya, que con el tiempo fue su esposa, le preguntó: «¿Has entrevistado a Sean Connery? ­No, ¿por qué habría de hacerlo? ­A las mujeres les gustará.» El resto es historia.

La crítica fue unánime en alabar la interpretación de Connery. Este éxito le posibilitó trabajar en varias películas a finales de los años 50, aunque ninguna supuso un avance en su carrera.

En 1958 llegaría una nueva oportunidad con un largometraje de elevado presupuesto, protagonizado por Lana Turner: «Another time, another place». De su compañera de reparto, Sean comenta: «Me gustaba muchísimo, francamente. Pero la prensa armó mucho revuelo, porque ella tenía 42 años y yo 28.»

Siguió trabajando para la televisión inglesa, sobre todo en obras de teatro. Gracias al papel interpretado en «Ana Karenina», los productores que preparaban una película sobre el agente creado por Ian Fleming, James Bond, se fijaron en él.

 

La época Bond

Harry Saltzman, coproductor de las primeras películas de Bond, entrevistó a unos 200 actores para el papel del agente secreto. Según él, le gustó la forma de moverse de Connery.

Por fin llegó la gran oportunidad de su vida. En 1962 se estrenó la primera película de la saga, «Dr No». El éxito fue arrollador, y convirtió a James Bond en un sex-simbol internacional y a Connery en una de las estrellas más famosas del mundo.

En la cumbre de la «bondmanía», con 32 años, Sean se casó con la actriz Diane Cilento, con la que tuvo un hijo, Jason. El matrimonio duró 11 años. En la década de los 60, rodó un total de cinco películas encarnando a Bond, desde 1962 a 1967. El éxito internacional de Bond hizo que el acoso de la prensa se convirtiera en una carga difícil: «No pueden hacerse una idea de lo difícil que era hacer cualquier cosa, o ir a cualquier parte. Cuando estaba rodando alguna película, se metían con sus cámaras en todas partes, hasta en los lavabos.»

Las películas de Bond eran sexistas y violentas, exaltaban la licencia para matar y los modales duros con las mujeres. Esto comenzó a originar críticas contra el personaje de Bond y contra el propio Connery, que afirma: «Los movimiento feministas tienen motivos para estar en contra. Al fin y al cabo, para un hombre no hay nada más fácil que abusar de una mujer. Estoy totalmente en contra de la violencia, sin ninguna duda.»

 

Superar a Bond

Después de varias películas como el agente secreto, Connery estaba harto del personaje y de su encasillamiento.

Irónicamente, fue la fama de Connery como intérprete de Bond lo que le proporcionó la oportunidad de dar los primeros pasos para alejarse del personaje. Cuando le ofrecieron un papel en la película de Alfred Hitchcock, «Marnie», Sean exigió leer primero el guión. Algo nunca visto con el gran maestro del suspenso.

Entre uno y otro asalto de Bond, Connery logró explorar en otros papeles. Estaba madurando como actor.

En 1965 realizó un film, «The hill», que le valió la aclamación de la crítica seria, dirigido por Sidney Lumet. Ese mismo año escribió y dirigió un documental sobre los problemas laborales de unos conflictivos astilleros escoceses. Pero el compromiso con su tierra no se quedó en el documental: En 1971 aceptó retomar el papel de James Bond y donó sus honorarios completos, 1.200.000 dólares, para la creación del Fondo Internacional Escocés para la Educación. Esta fundación reparte becas por importe de unos 10.000 euros al año, de las que se benefician escoceses, tanto actores como deportistas, estudiantes, músicos, etc.

El contrato de la última película de 007 («Diamantes para la eternidad») incluía la producción de una película propia. También la dirigió Sidney Lumet, y se rodó en pocas semanas: «La ofensa», en la que interpretaba a un policía con problemas psicológicos, encargado de los interrogatorios de un presunto pedófilo. Estrenada en 1973, tuvo buenas críticas, pero fue un fracaso de taquilla. Se alejaba demasiado de la corriente marcada por Hollywood, y era un papel muy atrevido. Fue una mala época en la vida del actor a nivel profesional; y también a nivel familiar: ese mismo año se divorció y falleció su padre.

 

El renacer de un nuevo Connery

En 1975, Sean contrajo matrimonio con su actual esposa: Micheline Roquebrune, pintora franco-marroquí. Se habían conocido en un torneo de golf, deporte al que Sean es gran aficionado desde su juventud. Su estabilidad emocional comenzó a reflejarse en su carrera. Ese mismo año se
embarcó en un proyecto que resultó ser una de sus películas más famosas de los años 70: El hombre que pudo reinar. Junto a Connery, protagonizaba la película otro gran actor británico, gran amigo suyo: Michael Caine.

Connery cuenta: «La película se basaba en un cuento corto de Rudyar Kipling; de modo que aunque cambiáramos escenas, el resultado no se alteraba mucho. Era la historia de un hombre íntegro, una historia que se basaba en la amistad.»

Poco después, Sean interpretó uno de los papeles más extraños de su carrera, al dar vida a un Robin Hood en plena madurez, que vuelve de las cruzadas después de 20 años y se reencuentra con Marian, interpretada por Audrey Hepburn. En 1978, cuando rodó «El primer gran asalto al tren», Sean ya había protagonizado más de 20 películas.

En la década de los 80, los resultados de Connery en taquilla eran imprevisibles. Asumía riesgos; unos daban fruto, y otros no.

Asombrosamente, en 1982, veinte años después de debutar como James Bond, Connery volvió a interpretar al agente secreto del que con tanto ahínco había querido huir. En «Nunca digas nunca jamás», realizada por productores distintos a los habituales de las películas de Bond, Sean tuvo a su lado a una casi debutante Kim Bassinger.

La película fue un gran éxito de taquilla, pero en el terreno profesional no satisfizo al actor. El mismo cuenta que terminó asqueado del rodaje, y que pasó más de dos años sin rodar ninguna película.

Este malestar se compensó con la paz de su hogar. A principios de los 80 trasladó su residencia habitual a un chalet en Marbella, al sur de España. Por su temperamento y su carácter, le sentaba mejor vivir lejos de Hollywood.

A mediados de la década, Connery volvió a los rodajes con una serie de películas con las que obtendría gran éxito, siendo «redescubierto» para el cine, y demostrando en su madurez que era realmente un gran actor. Títulos como «Highlander», «El nombre de la rosa», «Indiana Jones y la última cruzada» o «La caza del octubre rojo» se fueron sucediendo con los años.

En 1988 fue nominado al Oscar al mejor actor secundario por su interpretación en «Los intocables». Para alguien que no tenía ninguna formación académica, era la recompensa a una carrera de casi 30 años como actor autodidacta.

Fuente: P&R

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