Un espeluznante caso real de la crónica roja llevado a la pantalla
Quizás no resulte extraño que este tenebroso episodio de la crónica policial ya haya recibido tres versiones cinematográficas, incluyendo la presente. ( La primera se filmó en 1970, fue dirigida por Leonard Kastle y protagonizada por Tony Lo Bianco bajo el nombre de «Los asesinos de la luna de miel»; más cercana en el tiempo, la segunda propuesta corrió por cuenta del mexicano Arturo Ripstein, con la actuación de Regina Orozco y Daniel Giménez y se tituló «Profundo carmesí»).
Es que la terrible realidad de los acontecimientos parece superar cualquier demencia guionada y supone una suerte de desafío hipnótico para más de un realizador.
El caso verídico se remonta a la década de los años cuarenta del siglo pasado en los Estados Unidos y pasa revista a la perversa trayectoria de Martha Beck y Raymond Fernández, dos asesinos seriales que se encargaban de seducir, estafar y matar mujeres solitarias para quedarse con todos sus bienes. Haciéndose pasar por hermanos, estos amantes ultimaron un número indeterminado de mujeres hasta que terminaron en la silla eléctrica luego de una rigurosa pesquisa por varios estados. Lo anecdótico de este largometraje en particular es que el director Todd Robinson es nieto del detective Elmer C. Robinson –interpretado por John Travolta–, principal agente que condujo la investigación hasta capturar a esta pareja de asesinos. Un dato que impresiona como una obvia actitud de homenaje a la hora de plasmar la historia en el celuloide. Pero más allá de esta puntual instancia, «Amores asesinos» se erige por mérito propio como un sólido y genuino filme representante de la serie negra. Una película que no esquiva el áspero registro de la truculencia que impregnó este sanguinario periplo y golpea fuerte en la retina. Sin embargo, Robinson no se juega al morbo gratuito, sino que apoya la ferocidad de cada escena a través de un estilizado equilibrio que contempla diálogos ajustados y un excelente trabajo actoral.
En este aspecto, hay desempeños sobresalientes como el de James Gandolfini («Los Soprano») en el papel del investigador compañero, el propio Travolta, Laura Dern y Jared Leto como el latin lover homicida, absolutamente dominado por su concubina en esta espiral de salvaje amor loco. Probablemente Salma Hayek, mejor empresaria que actriz, no esté a la altura del despliegue que demandaba la intensidad de su personaje. A pesar de que en «Frida» no había estado tan mal, aquí no logra desatar los demonios que el rol protagónico necesitaba para su terrible credibilidad. Un detalle (menor, si se quiere) que no opaca el impacto de un largometraje removedor. Estos «Corazones solitarios» pegan con furia y donde duele, es cierto. Pero también es cierto que resulta una película que importa. Vale.
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