Arte

La memoria en tiempo presente

La imaginación del equipo responsable de la restauración del espacio histórico patrimonial ex Quinta de Santos, y del montaje del museo, es admirable. Distribuir en sus salas elementos diversos referidos a una temática dramática del pasado reciente, la dictadura cívico-militar, suponía una riesgosa tarea. Sortear el efectismo y la emotividad inmediata, la condolida e incómoda tristeza de un cercano ayer de un período polémico con interpretaciones encontradas era un desafío. Con rara inteligencia y un guión curatorial sólido, Elbio Ferrario (arquitecto coordinador general), Solange Pastorino, Magdalena Broquetas y Ana Frega elaboraron un recorrido de enorme sugestión visual en un equilibrio de textos, videos y objetos, exhibidos con rigor e inventiva museística muy difícil de lograr sin caer en el panfleto y la demagogia, en la sesgada interpretación histórica. De lejos, el mejor museo monográfico montevideano al cumplir la finalidad que se propone de manera convincente y atractiva, un espacio de reflexión que convida a volver y profundizar el contenido.

Quien escribe esta nota, al igual que en dos recientes frustradas visitas al Museo Histórico Nacional de la Casa Rivera, estuvo impedido, en días y horas habilitados, de entrar por razones que la razón ignora. Cosas del sobreviviente accionar que la burocracia conoce bien. La postergada y deseada visita se concretó y así fue posible admirar un museo de nivel internacional y el maravilloso parque, quizá el mejor de la ciudad, que lo rodea.

Basta mencionar dos aspectos del museo, a cuenta de una nota pormenorizada de futuro, de fuerte impacto: la desvencijada puerta de una celda carcelaria y los trajes que usaron los reclusos que van más allá del documento, enormemente valioso, para concentrar todo el peso de la humillación humana.

El Museo de la Memoria, criteriosamente, es un centro cultural que aspira a una dinámica singular. En ocasión del Primer Encuentro de Museos de la Memoria del Mercosur, con participación, además, de países fuera de la región, fueron convocados varios artistas uruguayos. En el sótano, Ernesto Vila, Nelbia Romero y Nuño Pucurull, de amplia trayectoria, se limitaron a exhibir una obra cada uno. En cambio, Raquel Bessio retoma una obra distinguida en salones municipales, no realizada, para intervenir los vidrios del invernáculo. La propuesta lleva el nombre de la respuesta del general Santos a José Pedro Ramírez, «Quiero probarle doctor, que soy más patriota que usted. Yo sacrifico todo así En aras de la patria», la justificación que todos los dictadores esgrimen para sus actos viles.

Bessio rodea, con fragmentos de ésta y otras frases cínicas de amor a la paz, al orden y a la moralidad pública, el amplio, hermoso invernáculo (sin plantas, con piedras en el centro) e interviene algunos vidrios con fotografías ploteadas en simbólico color rojo que recogen mudos testimonios de la arbitrariedad del poderoso gobernante. Sin proponéselo, Bessio recuerda, a un año de su fallecimiento, a Mario D´Angelo que también utilizó al mismo dictador como protagonista de una recordable instalación.

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