Con Truffaut. El espíritu más sensible y poético de la Nouvelle Vague francesa

Jacques Demy, el encantador: poeta del cine francés en Cinemateca 18

Los comienzos del director Jacques Demy (1931-1990) se inscriben en el marco de la gran explosión que la Nouvelle Vague constituyó para el cine francés, ese grupo de jóvenes mayoritariamente proveniente de la revista Cahiers du Cinema que a partir de mediados de los años cincuenta intentó cambiar el rostro de la producción de su país.

Se había iniciado profesionalmente en 1952 como colaborador de Paul Grimault en filmes publicitarios y luego trabajó como ayudante del documentalista George Rouquier. Desde 1957 dirigió algunos cortometrajes y se desempeñó como actor, en breves apariciones, en «Los cuatrocientos golpes» (1959) y «París nos pertenece» de, respectivamente, François Truffaut y Jacques Rivette.

Debutó en el largo en 1960 con «Lola», un asunto melodramático sublimado hasta la sugestión y la poesía de un cuento de hadas moderno, colaboró con el episodio «La lujuria» en el filme colectivo «Los siete pecados capitales» (1961), reflexionó sobre la metafísica del juego en «Fiebre» (1962) y logró probablemente el punto más alto de su carrera con «Los paraguas de Cherburgo» (1964) una historia romántica envuelta en deslumbramientos de música y color. Ese filme lo condujo a «Las señoritas de Rochefort» (1966), no estrenada en Montevideo, donde reunió a las hermanas Catherine Deneuve y Françoise Dorleac con los norteamericanos Gene Kelly y George Chakiris, en lo que debió entenderse como un deliberado homenaje a la tradición norteamericana de la comedia musical, desde los clásicos de la Metro a «West side story». En 1968 llegó a Estados Unidos para hacer «The model shop», que debió ser su encuentro con la gran tradición del cine norteamericano y fracasó con crítica y público.

De vuelta a Europa incursionó en dos adaptaciones de cuentos para niños, «Piel de asno» (1970); «El flautista de Hamelin» (1971), donde exhibió dosis de sensibilidad y humor, y se hundió con «Un hombre en estado interesante» (1973), donde bromeó sin gracia sobre Marcello Mastroianni embarazado. Varios tropiezos comerciales enlentecieron su carrera, que incluyó la extravagancia de «Lady Oscar» (1978), respaldada por capitales japoneses, la valiosa «Une chambre en ville» (1982) y especialmente «Tres entradas para el 26″, su último filme, un retorno al musical apoyado en la figura señera de Yves Montand.

La mejor imagen de Demy es la de un introvertido sensible, la de un poeta de la imagen enamorado del cine, los cuentos de hadas, los finales felices y/o melancólicos y nostálgicos, con la presencia de su Nantes natal como un personaje más dentro de la historia. Ese Demy es el que surge en sus mejores películas (varias de las cuales integran el presente ciclo), y surge también en el entrañable documental «Jacquot de Nantes» que su esposa, la también cineasta Agnés Varda, le dedicó, y que se incluye igualmente en esta programación que se exhibirá con el apoyo de la embajada francesa en Uruguay.

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje