Quince días de encuentros y desencuentros con el cine
El filme con el que se clausuró el festival, cuenta con un elenco de primeras figuras de la escena nacional, una cuidada producción y toca un tema de índole socio-político que abarca un período de nuestra historia nacional (1966-73), caracterizado por una gran convulsión social que culminó con el Golpe de Estado de Juan María Bordaberry y los militares.
Como lo adelantó ayer LA REPUBLICA, la película ganadora del certamen fue la canadiense «Mi Winnipeg» (2007) del director Guy Maddin, conocido entre nosotros por «La canción más triste del mundo» (2003). Es un ejercicio de montaje en blanco y negro donde el director tributa homenaje a la ciudad de sus sueños, ciudad que da lugar al título del filme. Todo se sucede como un sueño lleno de recuerdos de infancia y de personajes curiosos que atraviesan el metraje con puntual celeridad. Es una evocación sentida y nostálgica, que resume cariño y reconocimiento pero también es una acabada muestra del gran talento de Maddin para encadenar las situaciones, atrapar al espectador y resaltar la actuación de Anne Savage que compone a la fatídica madre del director.
La mejor opera prima fue para el filme de origen chino «El parque» de Yin Lichuan 2007 que revela la ascendente progresión de la calidad del cine chino. Aquí se plantean conflictos generacionales cuando un padre decide casar a su hija. El drama individual se entrecruza con otras historias del vecindario donde el parque del título se antoja como una metáfora de la vida.
La mejor opera prima fue para «Medusas» de Israel, de los directores Edgar Keret y Shira Geffen. En una cinematografía en alza, este filme es una muestra valiosa que aborda sin prejuicios historias comunes de gente común.
El costumbrismo sensible y emotivo no pierde de vista el contexto político que aqueja a la región pero no es el centro de los diferentes dramas individuales. El filme obtuvo en Cannes el premio Cámara de Oro.
La mejor película iberoamericana resultó «Estomago», de Brasil, del director Marcos Jorge, sobre la peculiar historia de un cocinero. El guión pauta con habilidad su ascenso y caída y se ha dicho con rigor que es «una fábula sobre el sexo, el poder y el arte culinario».
El premio especial a la calidad artística fue para «Luz silenciosa» del mexicano Carlos Reygadas que venía precedida de elogios casi unánimes, por parte de la crítica internacional, y de la obtención de muchos premios en diversos festivales. La película dura más de dos horas y se sitúa en las entrañas de una comunidad menonita de Chihuahua al norte de México que practican reglas de vida muy severas. El protagonista mantiene una relación con otra mujer a sabiendas de su esposa, algo que prohibe su religión. A partir de ahí se desata la tragedia con un final que no conviene revelar. El filme es un desafío para cualquier espectador desde el punto de vista estético y nos remite más de una vez al clasicismo renacentista de Carl Dreyer y su filme «Ordét o la palabra»
Con respecto a la sección Cortometrajes uruguayos en el rubro documental se llevó el primer premio «Fulbito» de varios realizadores encabezados por Inés Blixen. La realidad social del baby fútbol vista de diferentes ángulos. El mejor corto de ficción fue «La velocidad de los ceibos» de Pablo Aguirrezabal y el premio a mejor corto de la muestra fue para la misma película. Los jurados se quejaron del bajo nivel que se encontró en la mayoría de los filmes presentados y pusieron el acento en los problemas relacionados con el trabajo de guión y la posibilidad de contar una historia.
En documentales hubo un premio compartido para «El mundo global visto de acá: Milton Santos», de Silvio Tebdler, de Brasil y «Rapsodias balcánicas. Serbia y Kosovo», que, de Jeff Daniel Silva de Estados Unidos, articula diversos testimonios reveladores sobre un conflicto importante en una zona candente.
Otros aspectos
Hubo visitantes ilustres a quienes se les dedicó una atención preferente pero que, en cualquier caso, no estrecharon los vínculos con los espectadores como sería deseable. Hay una cierta descoordinación en los estamentos estructurales de Cinemateca que convendría revisar sin más trámite. Somos conscientes que el aluvión se lleva todos los esfuerzos desplegados y que amenaza con fracturar los mejores planteamientos.
La pérdida de la Sala de la Linterna Mágica y la restricción de entradas en el Cine Pocitos que alberga la Escuela de Cine, le han restado eficacia al proyecto global de Cinemateca. Hay mucho por hacer, corregir y enmendar. Hay un llamado de atención a los responsables de Cinemateca para que el proyecto no muera.
También hay que exigir a los poderes públicos una mayor implicancia en la preservación del tesoro cultural. Es un asunto de Estado como lo es la educación, la vivienda, el trabajo, porque es parte esencial del desarrollo humano en una sociedad justa y digna. No es necesario revisar la Constitución. Hay que ponerse manos a la obra para empezar por el principio,-cuidar a rajatabla el más importante archivo de filmes de América Latina. En esa mancomunidad de intenciones, debemos poner todos el hombro antes de que lleguen los lamentos.
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