La navidad de Jim Carrey
Jim Carrey incursiona en una fábula navideña para hacerse un festín de gags. Torrenciales efectos especiales en este largometraje dirigido por Ron Howard con el objetivo de divertir a los más pequeños.
Todo transcurre en el poblado de Whoville (léase Villaquién) y, sus habitantes precisamente los quién poseen un ritual para el que se preparan todo el año: la Navidad. Es el momento supremo y sublime donde todos los individuos hacen su gran celebración y se obsequian regalos de gran valía. Todo es felicidad en Whoville.
No lo es, en cambio, para Grinch, un ser verde y peludo que llegó al lugar accidentalmente, se transformó en un diferente y desde pequeño fue objeto de las peores burlas y ofensas. Hasta que un día, ridiculizado por sus compañeros de colegio decide recluirse en lo alto de un monte nevado. Impotencia, ira. En rigor, la venganza se ha puesto en marcha contra los quién.
El Grinch, de Ron Howard (el realizador de títulos como Apolo 13, por ejemplo) construye un escenario con espíritu navideño y para ello apela a un tomo declarado de fábula y en donde notablemente sobresale la labor de maquillaje y los efectos visuales y sonoros.
Hay como una sensación de estar dentro de un comic o una territorialidad para que Jim Carrey (como Grinch) se divierta a sus anchas y cometa todos los excesos gestuales posibles y sea en definitiva quien lleve adelante el relato de un diferente, que finalmente comprendió –a partir de una angelical niña– que la Navidad es para compartir y que lo más importante, aun más que los obsequios, es el fortalecer los lazos familiares y entre los semejantes.
Hay momentos donde Carrey acierta y en otros se va de curso, algo a lo que ya nos tiene acostumbrados.
Pero El Grinch, lamentablemente doblada al castellano (lo que elimina al gran Anthony Hopkins como narrador de la historia, por ejemplo) está pensada para los más pequeños que, en las butacas, reirán en cada aparición de este personaje verde que terminará vestido de Papá Noel y quedándose con la chica más fuerte del pueblo.
¡Grande Grinch!
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