A las cinco de la tarde. Samira Makhmalbaf en el Festival Cinematográfico Internacional del Uruguay

Una muestra del mejor cine iraní en filme de una joven realizadora

El cine iraní ocupa en la actualidad un lugar destacado en la cinematografia mundial. Esto es en base al trabajo de una pléyade de realizadores que a través de un instrumental expresivo de calidad y un compromiso mayor con los problemas reales de Irán, ha fructificado en obras importantes que han cosechado múltiples premios en diversas competencias internacionales.

Este Festival está huérfano de películas de esa procedencia contrariamente a lo ocurrido otros años donde «El círculo» de Jafar Panahi llegó a alzarse con el máximo galardón. Por eso la importancia del estreno de «A la cinco de la tarde».

Antes del análisis del filme conviene hacer un poco de historia y bucear en la trastienda de una familia iraní, dedicada totalmente a hacer cine y que por esta razón se ha tenido que enfrentar a la censura y la represión en su país. Se trata de los Makhmalbaf. La familia se compone del padre Moshen (nacido en 1957) con casi veinte películas en su haber( «Gabbeh», «Kandahar») y más de cincuenta premios internacionales. La madre es Marziyah Mashkini (1959) y es montajista y ayudante de dirección. Los hijos: Samira (1980) autora de «La manzana» presentada en 1998 en el Festival Internacional de Cannes. En 2000 obtuvo en el mismo certamen el premio especial del Jurado por «La pizarra». «A las cinco de la tarde» toma su nombre de un célebre poema de Federico García Lorca, «Llanto por Ignacio Sánchez Mejías» y ha recibido premios del Jurado en Cannes y Ecuménico. Todo su desarrollo argumental tiene la tonalidad de una elegía y en su recorrido va pautando los pormenores de una realidad social y política que no ocurre en Irán sino en el Afganistán de los talibanes, más precisamente en la ciudad de Kabul, destruida por los bombardeos.

En un país devastado por una guerra de ocupación y con las secuelas de una civilización petrificada, la desigual lucha de la mujer por enmanciparse de tabués y costumbres ancestrales salta al primer plano de la preocupación de la directora Samira. Los anhelos de la protagonista, encarnación del cambio socio político, que oculta que va a la escuela y sueña con ser presidenta del país al estilo de Indhira Ghandi o de la desaparecida Benazhir Butto, desembocan en una mirada puntual del entorno geográfico, que se tiñe de un lacónico costumbrismo y que se deleita con los polvorientos espacios abiertos.

Las emanaciones de este pequeño filme creativo envuelven el cautiverio de los diversos personajes *un padre y sus hijas, huyendo siempre de las áridas inclemencias del tiempo unido a la miseria y la pobreza en un clima de guerra demencial. Esta película es la cabal demostración de que con elementos realistas bien estructurados se puede lograr riqueza sin millones.

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