Vestido de negro y con un sombrero de fieltro color tiza, Bob Dylan, un mito del folk-rock autor del clásico “Blowing in the wind”, interpretó ante el público uruguayo diecisiete canciones de distintas épocas como “Just like a woman”, “Love sick” y “Summer days”, y cerró el espectáculo con “All along the watchtower”.
Con entradas agotadas desde hacía un mes, el artista estadounidense de sesenta y seis años deslumbró con su música acompañado por Denny Freeman en la guitarra; Stu Kimball en guitarra rítmica; Tony Garnier en bajo y contrabajo; George Receli en batería y el multiinstrumentista Donnie Herron, banda de músicos que participó en su último álbum, “Modern times”, lanzado al mercado el 29 de agosto de 2006.
Entre los asistentes estuvieron los músicos compatriotas Jaime Roos y Ruben Rada; el actor argentino Jean Pierre Noher y el embajador estadounidense Frank Baxter.
Dylan aprovechó el buen tiempo reinante en nuestro principal balneario para, horas antes de su recital, pasear en bicicleta disfrazado de mujer a fin de sortear a seguidores y periodistas.
“Aprovechó el buen clima y la tranquilidad del balneario y salió a dar un paseo en bicicleta, disfrazado de mujer para evitar la persecución de fanáticos y miembros de la prensa”, observó la gerencia de relaciones públicas del Hotel Conrad.
Similar ingeniosidad había tenido al inicio del periplo para practicar boxeo en un famoso gimnasio de Ciudad de México, donde el poeta del rock convivió con púgiles, aprendices y empleados del local que en ningún momento lo reconocieron, pese a que no tuvo necesidad de modificar su imagen.
Tras la pedaleada por la costa Atlántica fernandina, Dylan solicitó en su camerino alimentos orgánicos mientras los músicos que lo acompañaron pidieron dulce de leche.
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