Canciones en claroscuro
Regresó y trabaja para intentar reencontrarse con su espacio como cantor popular en nuestro medio, luego de vivir muchos años en Barcelona, cantando por medio mundo para la solidaridad. Mantuvo siempre en sus canciones aquellas palabras de «La copla», texto de Manuel Machado, que musicalizó antes de partir: …»procura tú que tus coplas / vayan al pueblo a parar /aunque dejen de ser tuyas / para ser de los demás…».
Su regreso debió producirse hace muchos años, luego de la dictadura, pero no pudo más que irlo posponiendo con constantes viajes al Uruguay, pues cuestiones personales esenciales no le permitían una radicación definitiva en nuestro medio. «Es más difícil volver que irse » –dice– «y no por cuestiones económicas.»
Pero Ricardo Comba nunca perdió el contacto con nuestro país, mantuvo nuestro acento y la temática central de sus canciones siempre refleja sus raíces. Así pues, no perdió identidad.
Como consecuencia de este vínculo natural, en el año 91 se editó Albada (Sondor), así como Bautista, el equilibrista (Ediciones Banda Oriental) en 1997 y posteriormente integró una edición de «Los músicos de LA REPUBLICA«, colección de música uruguaya editada por nuestro matutino, además de las grabaciones que hizo en Europa entre 1976 y 1999.
Musicalizó muchos autores, como Manuel Felipe Rugeles, Rafael Alberti, Antonio y Manuel Machado, Federico García Lorca, Nicolás Guillén, Nicomedes Santa Cruz, Indio Naborí, Agustín Bisio, Manuel del Cabral, Idea Vilariño, y otros, así como textos anónimos latinoamericanos, africanos o españoles.
Su trabajo en Europa estaba planteado esencialmente por ese camino, el de la poesía musicalizada, donde la integraba con las canciones populares, aportándonos canciones españolas como «Albada» o «Santa Bárbara», entre otras.
La vinculación entre la fotografía y las canciones no es un capricho de Comba. Cantar y hacer fotografía son formas de expresión que hizo durante toda la vida y decidió integrarlas con ese nombre, en su regreso. Dice al respecto: «Hay gente que escribe, que pinta, que canta o hace actividades cuyo resultado nunca hizo público y su producción se conoce sólo en su entorno. Es mi caso con la fotografía. La hago desde la adolescencia, pasando luego a engrosar el pluriempleo uruguayo junto a la tarea de cantor, maestro y profesor de canto popular. Tiempo después, ya en Cataluña, hacía muchos trabajos anónimos, necesarios para la denuncia de la situación uruguaya, chilena y argentina, durante las dictaduras. Utilizaba fotos mías o negativos de otros compañeros, al tiempo que seguía (y sigo) siempre buscando fotos con la cámara».
«No había mostrado fotografías, salvo en trabajos anónimos –explica–. Pienso que ahora, junto a las canciones, es una buena oportunidad para hacerlo, pues forman parte de mis vivencias, al tiempo que las reflejan».
Ricardo Comba no vuelve a cantarle a la nostalgia de las lejanías afectivas, aunque motivos le sobran. Está en la búsqueda de nuevas canciones, acordes con nuestra realidad –extrenará algunas en el Cabildo– y la prueba más fehaciente es su trabajo Bautista, el equilibrista, dirigido al futuro, a los niños.
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