Balance positivo. La propuesta fue muy bien recibida por el público

Cinemateca Jazz: que se repita

La idea estaba zumbando en la directiva de Cinemateca desde mediados del año pasado, en vista del éxito que tuvo la proyección de los doce episodios documentales de La Historia del Jazz que realizó el cineasta Ken Burns en 2001.

En aquella ocasión se los había exhibido en Cinemateca 18, a razón de un episodio por noche en una única función. Se pensó entonces en incluir la serie dentro de la programación mensual del instituto, con la tradicional costumbre de tres funciones diarias.

El abundante movimiento jazzístico que se produjo durante la presente época estival (festivales en Lapataia, en la Azotea de Haedo, en el club de jazz Medio y Medio, el Jazz a la Calle en Mercedes, presentación de la Antigua Jazz Band en el Conrad) fue el disparador que dispuso acompañar las exhibiciones con música en vivo y con instrumentistas uruguayos que estuvieran disponibles para esas fechas.

«Jazz en una noche de verano» se transformó en realidad en jazz a lo largo de doce noches de verano. Los músicos intervinientes participaron en carácter honorario, por el gusto de tocar y como colaboración con un instituto que a pesar de serias dificultades económicas, sigue divulgando las manifestaciones más elevadas del séptimo arte.

Los conciertos se realizaron pasadas las 20.00 horas, después de las dos primeras funciones y antes de la última, programada para las 21.30.

Mientras duró el buen tiempo, la música estuvo al aire libre en la calle Lorenzo Carnelli entre Constituyente y Soriano. Las bandas ocuparon la explanada de la Sala Cinemateca y el público se instaló en las veredas y la calzada, gracias a que la IMM había autorizado interrumpir el tránsito en esa cuadra.

Se pensó al principio que acudiría un centenar de personas, pero grande fue la sorpresa cuando el número superó las quinientas cada noche. Con veteranos que llegaron a tiempo para ocupar los asientos, hasta jóvenes parejas que se sentaban en el suelo, y numerosos vecinos y paseantes que se acercaron atraídos por el entusiasmante ritmo que emitían los parlantes, la calle Carnelli se convirtió en una fiesta gratuita y multitudinaria.

Y cuando las nubes cubrieron el cielo y la lluvia vino a refrescar los ánimos, los espectáculos se refugiaron dentro de la Sala Cinemateca, en la que, además de la platea, fue necesario habilitar la tertulia. Los organizadores calculan en casi siete mil el total de asistentes en las doce jornadas.

El éxito debe justificarse también con el nivel excepcional de los documentales de Ken Burns. Miles de personas asistieron a una historia del jazz que desarrolló con amenidad y sentido pedagógico la evolución de la música más importante del siglo veinte. Fue emocionante comprobar que muchas de ellas vieron y oyeron por primera vez la trompeta de Louis Armstrong, el saxo de Charlie Parker, la gran orquesta de Duke Ellington, la trompeta de Miles Davis, la voz de Billie Holiday.

El archivo de Cinemateca Uruguaya contiene gran cantidad de películas filmadas con música de jazz de todas las épocas. La posibilidad de reponer ese material en pantalla, augura la celebración de un nuevo y exitoso festival para un futuro próximo. Que se repita.

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