Artes Visuales

Ensayos inéditos

El profesor Panovsky vivió un itinerario no demasiado diferente del de tantos intelectuales alemanes de su generación. Nacido en Hannover, educado en las universidades de Berlín, Munich y Friburgo, dio cursos de Historia del Arte en la Universidad de Hamburgo en 1921 y, cinco años más tarde, llegó a titular de la cátedra de esa misma institución. Empujado al exilio por los nazis, en su calidad de judío, se dirigió a Estados Unidos, donde ejerció un magisterio sin rivales posibles.

Fue un talento precoz. A los dieciséis años sabía de memoria La Divina Comedia de Dante, una hazaña que atribuyó a un método no convencional de Gino Ravaili, conocía de memoria todos los sonetos de Shakespeare y los temas de los preludios y fugas del Clave bien temperado de Bach. Discípulo de Adolph Goldschmidt y Wilhelm Vöge, se doctoró en 1914 con una tesis sobre Durero, a los 17 años, anticipando un tratado posterior sobre el mismo artista. Durante la agitada existencia de la República de Weimar, Panovsky renovó la historia del arte hasta convertirla en una disciplina humanística y retomó las ideas de Aby Warburg llevando el método iconológico a su máximo esplendor y ampliando el concepto de iconografía, que se limita a la descripción de las imágenes. No se apoyó solamente en las grandes teorías y maestros sino que otorgó importancia a «descubrir el valor del conocimiento inútil» leyendo textos intrincados y crípticos de Hiob Ludolph, Kepler o Virgilius Maro Gramaticus.

Sus principales libros (Idea, La perspectiva como forma simbólica, 1924, Vida y arte de Durero,1940, Arquitectura gótica y pensamiento escolástico, 1951, Primitivos flamencos, 1953, El significado de las artes visuales, 1957, Renacimiento y renacimientos en el arte occidental, 1960, Estudios sobre iconología, 1962) han sido traducidos al español y ningún crítico o estudioso del arte dejó de leerlos y repasarlos regularmente.

Ahora se agrega Sobre el estilo. Tres ensayos inéditos (Paidós, Barcelona, 2000, 251 páginas), una compilación hecha por Irving Lavin, publicada en inglés en 1995. En ¿Qué es el Barroco?, 1934, el ilustre historiador lo sitúa como el nacimiento de la conciencia europea moderna, con la dinamización del espacio y la espacialización del tiempo, fundamentalmente en Italia, diferente (en origen, proyección) al de otros países. Los estudios sobre el barroco proliferaron con posterioridad, aunque sin conocer las ideas de Panovsky, enriqueciendo y profundizando sus caracteres. Pero las sutilezas que introduce y la manera de definirlo («magnífico alboroto») constituyen una fuente de enorme gratificación intelectual.

En El estilo y el medio en la imagen cinematográfica, 1936, la prosa de Panovsky «combina la urbanidad y el carácter entretenido de la revista New Yorker con la profundidad filosófica y el rigor metodológico de un tratado universitario alemán», según Lavin. Tiene razón. Sus observaciones son siempre agudas, originales. Por ejemplo, escribe : «No fue una urgencia artística la que condujo al descubrimiento y perfeccionamiento gradual de una nueva técnica, sino que fue una invención técnica la que dio lugar al descubrimiento y perfeccionamiento gradual de un nuevo arte», haciendo estudios comparativos con el teatro, donde «la palabra hablada causa una impresión más fuerte que débil, dada la imposibilidad de contar los pelos del bigote de Romeo», en referencia a los primeros planos del cine, y emitiendo juicios lapidarios sobre diversos filmes.(Sueño de una noche de verano es probablemente la película importante más desafortunada jamás producida, así como reparos fundamentados a El gabinete del doctor Caligari o Fantasía).

En Los antecedentes ideológicos del radiador del Rolls-Royce, 1962, rastrea los orígenes del arte inglés, desde sus orígenes medievales hasta el siglo XIX, descubriendo una antinomia de principios opuestos (una emocionalidad altamente subjetiva y un severo racionalismo formal), que desemboca en un brusco y brevísimo final del ensayo (apenas trece líneas) donde opone el diseño clásico de un templo griego del radiador del Rolls-Royce a la ondulante sensualidad artnouveau de la Silver Lady, emblemas que definen un motor que, desde 1905 (con el agregado de la estatuilla en 1911), no se modificó, para reflejar «la esencia del carácter británico durante más de medio siglo».

Se agrega un excelente curriculum vitae de Panovsky a cargo de William S. Heckscher, un discípulo nada complaciente. Como Bernard Berenson, como Gombrich, Panovsky no se interesó mucho por el arte de su tiempo y así comparó la escultura de Henry Moore con las galletas Doughnuts o el queso Emmenthaler como «un activar los agujeros de la materia». Nadie es perfecto.

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