Con una pequeña ayuda de los amigos
Hay que pensar o evocar a ese Tom Jones de aire sexy, varonil que provocaba marejadas enfebrecidas en los auditorios femeninos. Eso ocurrió hace décadas: el furor se fue diluyendo paulatinamente. Y Tom Jones se vio sobrepasado por el abanico cada vez más amplio y multiplicador de la cultura rock.
Clon inicial y deformado del modelo Elvis, la pelvis; estrella en la cima fugaz del pop; crooner bizarro y a contramano de la historia, finalmente Tom Jones ha sido uno de los tantos rostros que transitan por los shows-rooms de los casinos de Las Vegas.
Básicamente la operatividad del tigre galés ha sido la de la supervivencia: el que alguna vez fue número soporte nada menos que de Los Beatles y el que tuvo en su mejor momento como bandas teloneras a The Who y los Yardbirds, ahora es un señor que flota de casino en casino, voceando el pasado que nunca vuelve a reverdecer en el aquí y ahora.
Lo cierto es que sin hits a la vista, Tom Jones decidió planificar una especie de relanzamiento o de reconstrucción de su andamiaje de cantante profesional, a la vez del intento de reposicionar su imagen en la industria pop de la música, y para ello convocó a una pléyade de artistas diversos, bandas y solistas que le prestaron una pequeña ayuda de amigos: el resultado fue grabar covers de otros tantos artistas y el compacto se denomina Reload.
Por supuesto que el disco posee la imparidad de lo desparejo: hay tracks de buen impacto cuando Tom Jones se alía al genio irlandés Van Morrison (el único que acetó la propuesta pero con la condición de versionar una canción suya, «Sometimes We Cry»); y cuando trabaja junto a Chrissie Hynde (líder de The Pretenders) y a James Taylor y su cuarteto, junto a la exquisita voz de Beth Gibbons (de Postishead, banda esencial de los noventa). Hay, asimismo, un abordaje junto a los Air de un clásico de los Kinks, «Sunny Afternoon», hecho con dignidad y respeto.
Pero está claro que Reload, pese a la gran convocatoria, no alcanza ningún podio: querer versionar «Burning Down the House» de los brillantes Talking Heads, era una parada sumamente exigente y se sale muy mal parado, incluyendo aquí la intervención de los descartables Cardigans.
Hay intervenciones menores de Zucchero, de Natalie Imbruglia, de Simply Red, del niño mimado del pop británico Robbie Williams, entre otros. El disco es un ramalazo de sensaciones, que no de impresiones; llega a gustar por momentos; pero Reload llega a querer expulsarte en otros de cualquier situación auditiva que se admita exigente.
De cualquier modo, el intérprete galés vive y lucha contra el olvido; hace lo que puede con invitados de lujo para desafiar el paso del tiempo. Y el tiempo vuela, imagínate.
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