¿Tener sexo por Internet es siempre infidelidad?
El sexo virtual o cibersexo (escrito por algunos cybersexo) crece como fenómeno de placer a lo largo de todo el mundo. Consiste en dos o más personas, conectadas a Internet por computadoras domésticas, que mediante mensajes escritos e incluso verbales y hasta imágenes, representan mantener relaciones sexuales hasta llegar al orgasmo.
La calidad de un encuentro de cibersexo depende generalmente de la capacidad de los participantes para evocar una imagen vívida en la mente de la otra parte. Son asimismo claves la imaginación y la suspensión de la incredulidad, si los amantes no se conocen de la vida «real».
En algunos aspectos, la virtualidad puede ser el mundo perfecto. Como depende de la imaginación, cada uno es quien quiere ser. Por eso, es habitual la ficción. Hay seudónimos de mujer que encubren a hombres, y viceversa.
Un estudio elaborado por Marqueze, famosa web erótica basada en España, revela que cada día son más quienes ven al cibersexo como una opción sexual real. Según este informe, un 60% de personas con acceso a la Red considera el cibersexo como una opción sexual plena y la cifra de partidarios aumenta a un 80% a la hora de pensar en las relaciones online como complemento de las reales.
Los detractores dicen que visitar asiduamente sitios de Internet para mantener cibersexo puede convertirse en una obsesión o inducir al aislamiento en la pareja. En cambio la psicóloga Eva Holbert, en su libro «Sex by bytes» sostiene que «cuando los maridos ven cualquier partido fútbol en la cama y la mujer está leyendo en el living no es distinto ni peor». La diferencia, nada menor, es que en el cibersexo intervienen terceros.
Entonces, ¿es infidelidad?
Según aseguran Roche y Chatelain en su libro «En la cama con la Web», la facilidad para sucumbir ante la «tentación» de la infidelidad, muchas veces bajo una falsa identidad y apariencia, es mucho mayor en la Red que en la vida cotidiana, en la que el trabajo, el tiempo o la timidez pueden complicar el primer contacto con otra persona. Afirman que internet «da la ilusión afrodisíaca de ser todopoderoso».
Podríamos preguntarle a Hillary qué habría sentido si, al despertarse una noche, hubiese descubierto al bueno de Bill teléfono en mano, mientras acompasaba la otra con un «Yes, yes, oh my God…» hablando con la simpática Mónica. ¿Acaso no es similar el trámite por teléfono que por Internet?
Ahí está el caso de un hombre que obtuvo su divorcio en EEUU porque sorprendió a su mujer jadeando frente a la PC, en pleno «zipless fuck», como le llaman ellos.
Paul Delois, de La Sorbonne, afirma que sí es infidelidad «porque estás usando todos tus sentidos y tu mente para complacer una relación que se siente y disfruta como si fuera real». La polémica diferencia estriba, precisamente, en ese «como si fuera».
La clave parece estar en la interacción, ya que cuando alguien se estimula con literatura erótica o en sitios porno no está interactuando con nadie. En el cibersexo estás teniendo una relación con otra persona que no es tu pareja.
Tiene sus ventajas
El cibersexo también permite practicar una fantasía que no puede concretarse en la vida real, debido a impedimentos o limitaciones de distinto tipo.
Además, puede tener la importante función de conservar la dimensión sexual de una relación en la que los miembros de la pareja se ven con poca frecuencia o padecen una separación geográfica temporal.
El cibersexo también puede ser utilizado por escritores, ya sea en el terreno de la ficción o de la divulgación. Aquellos pueden obtener así relatos más realistas y sexualmente sugerentes para inspirar sus obras o, como el autor de estas notas, para exponer con fundamento sobre los temas que aborda.
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