"Corpus". Obra de Sebastián Barrios, en el Teatro Circular

Crucifixión de la mujer adúltera

Un joven es tentado por una mujer que está a punto de casarse. Sucumbe a la tentación, el mismo día de su casamiento por la Iglesia. Es una boda sin amor; el amor pereció, según sabe la casi adúltera, porque tuvo sexo con su novio antes del matrimonio.

La cópula, que es vista como un acto malsano, sucede en medio de un mar de reproches; diversos detalles la hacen especialmente desagradable, como varias ataduras recíprocas, más sádicas que eróticas, a un mueble metálico, mesa y cama, según convenga, y ritos extraño que consisten en doblar una corbata y descalzarse, todo ello sin la temperatura que usualmente asociamos con el sexo. Todas estas circunstancias nos evocan con mucha fuerza la «lujuria» de los catecismos preconciliares y los colegios religiosos de comienzos del siglo XIX.

Luego del acto, anunciado y sobreconversado, él clava un crucifijo en un ojo de la pecadora. El autor y actor Sebastián Barrios narra esta tortuosa anécdota a partir del momento en que el protagonista parece contestar un interrogatorio, policial o judicial; pero cada tanto la acción cambia de lugar y volvemos de la Jefatura de Policía al escenario de la sala 1 del Circular, donde Barrios trata al público de «hijos de puta». Al fin, la mujer, sin duda hechizada por el maltrato, visita al hombre, posiblemente en la cárcel: él, siempre imperioso, exige, para ulteriores visitas, que ella se anuncie primero.

La anécdota es inflada a una extensión de una hora mediante diálogos irrelevantes en general de frases cortas, a veces sólo palabras; el sentido de estos diálogos nos fue, en la mayoría de los casos, imposible de entender. El estilo es el énfasis habitual: «…encerrado en la sombra de mis secretos», o bien, desafiando la sintaxis, «…necesito besarlo, comerlo, y cuando eso ocurra, cuando mi cuerpo no sufra de hambre, ahí, sólo ahí, lo expulsará, lo odiará, y toda esta ansiedad desaparecerá para siempre, dejará de ser todo y será nada, nada, algo totalmente insignificante, quiero su cuerpo. Lo esperaré…» La actriz, Susana Souto, se esfuerza en este párrafo; pero nadie podría decirlo con la necesaria convicción. Otras veces, y no son pocas, los diálogos transitan el lugar común: «Nunca supo lo que es el amor» o «Usted nunca amó».

La escena es despojada y tan fría como la pieza y la actuación; y tan extraña y desconcertante como la música incidental. Esta obra fue ganadora del proyecto «¡A escena!» del Ministerio de Educación y Cultura del año 2007. Una sensación de espanto nos recorre al pensar en las que perdieron.

«Corpus» de Sebastián Barrios, con Susana Souto y Sebastián Barrios. Escenografía y vestuario de Ivón Delprato, iluminación de Sebastián Marrero y Pablo Luzardo, espacio sonoro de Carla Rivera, dirección general de Elbio Jara. En teatro Circular, sala 1.

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