Carcajadas. El célebre quinteto de humor musical trae diversión a Punta del Este

Les Luthiers vuelven al Conrad

Los Premios Mastropiero fue estrenado en agosto de 2005 en el Gran Rex de Buenos Aires. El éxito acompañó este espectáculo durante los años subsiguientes y en los meses de enero de 2006 y 2007 fue presentado a sala llena en el Conrad.

No es de extrañar que Les Luthiers sigan agotando entradas cada vez que anuncian su aparición en algún escenario de habla hispana. El altísimo nivel de profesionalidad, la inteligencia de sus propuestas teatrales y humorísticas, el talento de sus creaciones musicales y la ejecución de instrumentos formales o informales, han asegurado durante cuarenta años de ininterrumpido despliegue escénico la certeza de contar con una diversión sana, ingeniosa y ampliamente satisfactoria para una extensa gama de espectadores de todas las edades.

Los Premios Mastropiero es exactamente lo que el título indica: la entrega de trofeos a quienes se han destacado en diversas actividades culturales o científicas.

El espectáculo evoca las fastuosas ceremonias de la farándula, con el desopilante despliegue de personajes que, al pasar por el estrado para retirar sus estatuillas, pronuncian sus «discursos» y dicen una serie de disparates que el público festeja con abierta complicidad cuando se percata que todo es al revés de lo que se aparenta.

Desde el rutilante juego inicial de luces, acompañado por la ampulosa música que caracteriza las galas de entrega de los premios hollywoodenses, la sátira mordaz de Les Luthiers no perdona las varias miserias del petulante mundo de los «famosos».

La crítica punzante cae implacable sobre la televisión, los artistas frívolos, los empresarios venales, los funcionarios corruptos, los intelectuales engreídos, los políticos necios. No queda títere con cabeza, ni siquiera se salva la tenebrosa CIA yanqui.

Como toda celebración de este tipo, ésta intercala pasajes musicales con canciones de variado género: madrigal caribeño, merengue, bossa libidinosa, rock lisonjero, cantata eclesiástica, tango y bolero. Mención especial merece la comedia musical infantil en la que el Príncipe Valdemar debe rescatar a su amada Princesa Ginebra, que está encerrada en el castillo del Malvado Hechicero.

En esta obra hace su aparición el «alambique encantador», un nuevo instrumento informal que ejecutan tres luthiers y que consta de tres secciones: una con once copas de acrílico que son frotadas con los dedos, otra con ocho botellas de plástico semisumergidas en agua que, al ser empujadas, comprimen el aire que pasa a través de unas lengüetas de acordeón, y la otra sección tiene cuatro botellones que utilizan idéntico mecanismo para producir las notas más graves. El resultado sonoro y melódico es fascinante.

Daniel Rabinovich, Carlos Núñez Cortés, Marcos Mundstock, Jorge Maronna y Carlos López Puccio siguen siendo los artífices de este milagro de jovialidad y alegría teatral y musical. La fórmula del éxito sigue siendo la misma, y en muchos pasajes se aprecia la colaboración creativa del recientemente fallecido Roberto Fontanarrosa. Los juegos de palabras y los retruécanos del vocabulario, las ironías contra la solemnidad y la hipocresía, las burlas hacia costumbres y situaciones de la vida diaria, se combinan ágilmente con las parodias musicales y respetan la inteligencia del espectador, sin caer en el chiste ordinario o la grosería.

Los precios de las entradas, que ya están en venta en el Conrad, ascienden a 21, 37, 52 y 72 dólares.

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