El swing sigue llegando de Cuba
Después de las felices, gratificantes visitas de Pío Leyva y Barbarito Torres y de Compay Segundo (éste a Punta del Este), se completa el menú del fenómeno musical internacional que provocó el guitarrista y compositor Ry Cooder con la edición del laureado compacto Buena Vista Social Club. Que, como ya saben los lectores, el impacto se multiplicó cuando el cineasta alemán Wim Wenders rodó un documental homónimo con la intervención de estos cubanos extraordinarios.
Ahora el público uruguayo, asistirá al concierto que otorgarán los impecables Omara Portuondo, Ibrahim Ferrer y Rubén González y un generoso, caliente staff de instrumentistas. El trío viene de una exitosa peripecia por América Latina y, desde luego, la crítica especializada y los diferentes auditorios han celebrado con fuertes adjetivos la estética y la estilística planteada en un show profesionalismo y con una gran capacidad de entrega por parte de sus protagonistas.
Considerada la emperatriz por excelencia del ‘filin’ (una modalidad cancionística muy cercana a la estética romántica del bolero aunque con mayor fluidez en los textos y en la estructura arreglística, algo que años más tarde abordaría un integrante de la Nueva Trova Cubana como Pablo Milanés, entre otros), y ya con medio siglo de peripecia artística en su garganta y en su cuerpo, Omara Portuondo sigue produciendo ese temblor y esa soltura, esa sensibilidad como para hacerte bailar.
Portuondo es de las que consideran que se ha pasado décadas proponiendo un modelo de hacer canción popular cubanísima de principio a fin y que, desde luego, es más que merecido que se haya conocido en el mundo entero lo que todo el grupo del Buena Vista tiene para decir.
Ibrahim Ferrer, de 73 años, es quizá el referente más llamativo y estimulante para el público. Acaso porque el largometraje de Wenders le otorgó un rol protagónico por encima del resto y también porque sus cualidades expresivas son más que atendibles.
Finalmente Rubén González, a los 77, es el que posee un veteado académico en su formación musical que luego aplicó a su formulación popular, ya sea cha cha cha, sones o guajiras.
De vasta trayectoria musical, el trío llega entonces al Teatro de Verano para cerrar un ciclo brillante de visitas de los componentes del Buena Social Club. Si se han convertido en moda es por su calidez y sus aptitudes en tanto vehiculización de sus músicas, pero también porque lo latino parece haberse convertido en algo más que apetito para las mass media internacionales.
Hoy a la noche habrá fiesta: primero Rubén González prepara la superficie con su combo.
Más tarde se plegará Omara Portuondo y, finalmente, el gran Ibrahim Ferrer. Como para que todo se convierta en un espectáculo de intensa comunicatividad, un ida y vuelta entre músicos, cantantes y receptores a no dudarlo transparente y luminoso, chico.
Compartí tu opinión con toda la comunidad