¿Cómo nos educan?

Todos nos asombramos, y no necesitamos un posgrado en psicología evolutiva, de cómo han cambiado los niños en pocas generaciones. Lo dice la vecina que se asombra al observar que su bebé al muy poco tiempo de nacido, comienza a dar signos de aprendizaje, social, motriz, etc.

Lo que dos o tres generaciones atrás nos llevaba más tiempo, hoy en día en pocos meses el niño comienza a dar signos de interés por lo que le rodea. También notamos que aprender algo tan complicado como hablar, lo hacen más rápido, por lo tanto, las exigencias por parte del niño son mayores. Reclaman más atención. Más allá de los cuidados que todos conocemos, como una buena alimentación, higiene, etcétera, el niño reclama más atención intelectual.

Los familiares de este nuevo ser muchas veces se ven obligados a informarse para poder satisfacer las necesidades intelectuales del benjamín de la familia. El niño ya no es aquella personita que no tenía ni voz ni voto, sino que se toma como parte pensante y ejecutante muchas veces de la familia. Esto hace que hoy en día un niño de 8 años converse con sus padres de temas que en un tiempo no muy lejano eran inimaginables. Estamos de acuerdo en que el hogar es el primer ámbito de aprendizaje y por lo tanto es muy importante para la formación del ser humano.

Pero esto no basta a la hora de educar. Un hogar bien constituido no es suficiente, como no es suficiente que solamente los padres o familiares deban instruirse para poder apoyar las inquietudes de estas personitas en formación.

Muchas cosas han cambiado, pero parece ser que la educación no se adapta, como debería, a las necesidades actuales.

La prueba está en el poco atractivo que encierra hoy en día como hace 20 años.

La pregunta concreta es: ¿por qué si los niños de hoy navegan por internet y estudian temas en las distintas enciclopedias informáticas que muchas veces superan nuestras expectativas intelectuales, por qué todavía hoy el estudiar sigue siendo un suplicio?

Apreciamos en escolares, liceales y universitarios la constante queja contra el estudio.

Nos pasa a nosotros muchas veces como adultos, que luego de pasar por los distintos niveles de la educación, salvando exámenes, sin entender mucho cómo, ni para qué, terminamos con lo obligatorio y comenzamos a aprender por motivación personal.

Muchas veces, además, luego de haber pasado un tiempo prudencial claro está, tomamos el viejo libro de historia del secundario y nos damos cuenta que no era tan espantoso de entender, ni tan rígido, ni tan aburrido.

Será que falta que nos enseñen a tener inquietudes personales, que hagan que a mí me interese saber, y no que tenga que saberlo, para poder pasar de año.

Quizá además estaría bueno escuchar al alumnado, seguramente ahí está la fórmula mágica para un buen plan de estudio.

Lo cierto es que los tiempos han cambiado, y las necesidades a la hora de ir a buscar trabajo también. Hoy en día después de salir del bachillerato, no podemos ir a buscar directamente un empleo. La información recibida por lo tanto no es suficiente, y tenemos que seguir preparándonos para poder insertarnos en el medio laboral, muchas veces pagando cursos paralelos. Aun así, luego de realizar estos cursos paralelos, nos falta la experiencia, tan requerida por los patronos.

Pues bien, aquí tenemos tres puntos importantes: debemos estar preparados intelectualmente (eso se consigue con la educación escolar y liceal), debemos poder salir de estas instituciones preparados para insertarnos en el medio laboral, y debemos tener experiencia.

El segundo punto no es muy difícil de cumplir, si tomamos que no basta con un inglés básico para estar preparados. Y la experiencia, tampoco, ya que mientras estudiamos podemos hacer prácticas en distintas empresas, en forma gratuita. El empresario estará encantado de poder contar con un empleado al que no le debe pagar un sueldo, y al alumno le sirve para su currículo a la hora de salir a buscar empleo.

Estas son solo reflexiones, poco originales, ya que muchas personas piensan así.

El tema es que a la educación no la puede cambiar el ciudadano común, sino los gobiernos.

Creemos que va a llegar un momento que teniendo en cuenta lo expresado en las finalidades y objetivos del programa del año 1986, va a ser necesario agregar un poco de realidad, y no dejar al azar lo que ocurra con ese estudiante luego que termine de cursar sus años obligatorios hasta el bachillerato.

La frase «se procurará que, al integrar su personalidad con los valores de la cultura, sea agente de su propia formación», no sea tan así, y que exista por parte de los adultos responsables, padre, madre, tutor, profesor, etc. La certeza de que están entregando a la sociedad, un ser productivo, capaz de desempeñar una tarea que le permita mantenerse, moral, social y espiritualmente.

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