Exacto acercamiento a Shakespeare
Tiene buen gusto y es sobrio: nunca lo veremos urdiendo estridencias o entretejiendo estériles «efectos visuales»; pero no tiene, aquí, la posibilidad de disponer de un elenco no ya competente sino adecuado a sus fines. Con la única excepción de Pedro Piedrahita, que compone bien al rey, los demás actores están por debajo de la empresa. Hacen los mejor que pueden, por cierto: dicen bien, se mueven bien, tienen condiciones y entrenamiento para actuar; no alcanzan a Shakespeare. Hay algo de la poesía, del ímpetu, del vigor verbal de la obra que no llega hasta el público. Podemos decir que la interpretación es correcta, temible adjetivo que no es un elogio sino la comprobación de una aptitud meramente profesional, que no es suficiente. Shakespeare no es un autor fácil, pese a las apariencias, y toda versión española de su ígnea y electrizante escritura, que debe pasar por traducciones y adaptaciones que no siempre le hacen justicia, no es el menor de los obstáculos. Por cierto, es siempre mejor Shakespeare a medias, aun todo posible Shakespeare criollo que se realice en nuestro medio, que debe de ser poco más que un fantasma tullido del original, que las generalmente vacuas creaciones locales.
Pero si la ambición es preferible, porque al menos no «tienen las penas que tienen los vírgenes y los perezosos» (Marcel Proust) y si el arte vive de la dificultad y hasta de la atracción de lo imposible, ese agujero negro de la inventiva humana, a veces muere a manos de la dificultad; y así como nos parece evidente el exacto acercamiento de Lazzo a Shakespeare, nos parece menos claro que haya hecho participar al elenco (y en particular a las mujeres del elenco) de la totalidad y plenitud de sus conceptos.
El planteo escenográfico y la iluminación, ambos a cargo de Raúl Acosta, fueron inventivos y eficaces: la sala Atahualpa pareció abrirse mágicamente a patios, a corredores, a alcobas y a plazas públicas. Un renovador soplo de imaginación pura, que parecía venir más de las aventuras oníricas de Las Mil Noches y Una Noche que de las narrraciones de Bocaccio, recorró el ambiente.
Todo bien… Si termina bien, de William Shakespeare, por El Galpón, en traducción y versión de Raquel Diana. Con Elizabeth Vignoli, Pierino Zorzini, Maruja Fernández, Arturo Fleitas o Gustavo Alonso, Marcos Flack, Pedro Piedrahita, Claudia Trecu, Felisa Jezier y Nadina González Miranda. Escenografía e iluminación de Raúl Acosta, música y arreglos de Fernando Ulivi, interpretación de violoncello de Lucrecía Basaldúa, vestuario de Paula Villalba, dirección general de Sergio Lazzo.
Compartí tu opinión con toda la comunidad