
Si evocamos situaciones eróticas, muchas de ellas están relacionadas con el sentido del tacto, el tocar. Así aparece la primera caricia, el primer beso, la primera vez que la mano llegó allí, debajo de la blusa o el pantalón. El tacto es uno de los sentidos menos contaminados por la memoria. Y sin embargo el contacto físico está limitado en nuestra cultura, nos tocamos muy poco.
Los médicos afirman que la neurosis por falta de contacto corporal es uno de los males de nuestra cultura. Los hombres y las mujeres pertenecemos a un grupo de los animales más toquetones de la naturaleza. Los primates más cercanos a nosotros, los bonobós, emplean más tiempo en caricias sexuales que en coitos, lo que nos hace pensar que nuestra piel guarda recuerdos ancestrales que permanecen ahí, esperando “la mano de nieve que sabe arrancarlos”, como diría Rubén.
Las manos sirven para expresar el deseo sexual mucho mejor que las palabras. Prodigan confianza, proximidad, amor y placer. Eso sí, requieren ciertas condiciones para expresarse.
Una luz tenue (las velas suelen aportar una luz agradable y sugerente), algo de música de fondo, un aroma agradable (de incienso o de los aceites que utilicemos), sumado a una copita previa de licor, pueden ser el preámbulo ideal a nuestro masaje, haciendo que todos nuestros sentidos disfruten juntos del momento.
Desnúdala, desnúdate. Ayuda a tu pareja a tenderse sobre una superficie firme, puede ser la cama, un sillón o un colchón en el suelo, donde tú puedas alternar entre colocarte encima o al costado suyo. La posición inicial es boca abajo, con la cabeza ladeada y los brazos semiflexionados a la altura de la cabeza.
Aceites y lociones. Se deben verter en la palma de la mano, frotar luego ambas manos, y aplicar suavemente sobre el cuerpo de tu pareja. Nunca viertas el aceite directamente sobre la piel, pues lo sentirá frío. Elegí un producto de rápida absorción y sabor y olor neutros, para que no te desagrade cuando pases después a estimularla con los labios o la lengua.
Relájala primero. Empieza colocando las manos planas suavemente sobre la espalda, deslízalas despacito, en recorridos largos, adaptando las palmas al “paisaje suavemente ondulado” de su territorio, como aprendimos en geografía. Es muy importante mantener un ritmo constante, sin interrumpir nunca el contacto con el cuerpo de nuestra pareja con al menos una mano. Para reponer aceite, por ejemplo, hacelo con una sola mano mientras la otra continúa apoyada en su piel.
Por zonas. En el torso superior, una buena buena secuencia puede ser: primero espalda, luego la nuca, después los hombros y finalmente los brazos. Aceitito siempre, y cambiando de zona en tránsito gradual, nunca brusco.
Cuatro son los modos principales de masajear. Aprendelos, practicalos.
* Roces. Es una técnica básica en todo masaje pero esencial en el erótico. Consiste en deslizar o rozar con tus manos la piel de tu pareja. Bueno para empezar y terminar la sesión.
* Fricciones: Movimientos semicirculares (como dibujar “ochos”) con ambas manos, haciendo cierta ligera presión.
* Amasamiento. Consiste en tomar un músculo o un plegue y realizar un ligero movimiento de torsión y apretamiento, como a la masa de un pan, literalmente.
* Percusiones. Son golpecitos repetidos, cortos y suaves que contribuyen a excitar al músculo y a las terminaciones nerviosas. Con los dedos, las palmas o el canto de las manos.
A esta altura, tu pareja puede estar adormeciéndose, producto de la distensión y el placer de tu masaje. Pero seguramente, lo que vas a hacer a continuación la va a despertar a otras sensaciones que no querrá perderse de ninguna manera.
¿La seguimos mañana?
OTRAS NOTICIAS EN LARED21