Insólito
No quedan dudas. Este es el país de las cosas insólitas. Claro, si uno lo mira con espíritu positivo, es una virtud. ¿Quién puede aburrirse donde abunda lo raro, lo extraño, lo desacostumbrado?
Entre lo insólito del último tiempo hay que incluir la protesta de los maestros, que fueron a la casa del presidente Vázquez, leyeron una proclama y le dejaron una carta… ¡sabiendo que no estaba! Eligieron la fecha por ser su cumpleaños y les pareció que eso daba a la movilización un simbolismo significativo.
También hay que incluir a esos ciudadanos que siguen acampados frente a unas viviendas de las que son legítimos adjudicatarios. La empresa constructora no les permite entrar mientras el Ministerio de Vivienda no pague lo que le debe: aquella dice que son 27.000.000 de pesos y éste aduce que apenas supera los 5.000 pesos. ¡Y todo el lío en plena feria judicial, como para que los afectados vayan a pedir amparo a Paco Casal!
Pero el premio mayor se lo lleva este descubrimiento: gentilhombres de exquisita sensibilidad como el Goyo y Gavazzo, apoyados por familiares y allegados, son los responsables de una página web donde, en una sección llamada «Que se vaya», reclaman que Vázquez no se postule a la reelección. Esa sección dice, aunque parezca una broma: «Envíenos sus datos y defienda nuestra Constitución».
Al reflexionar acerca de este caso me siento tentado a postular que insólito es un adjetivo insuficiente. Esto es extraordinario.
Tanto como aquella anécdota de La Mellada, en pleno efluvio amoroso con un tipo casado. Llamó a la radio y pidió «Cuando vuelvas», de Agustín Lara, «dedicado a Ricardo». Apenas terminó el disco »…cuando vuelvas hallarás todas tus cosas en el sitio en que quedaron…»- sonó el teléfono del locutor: «Habla la mujer de Ricardo. Dígale a esa loca que él no va a volver. Le dio un infarto esta tarde. Y corto porque, como se imaginará, y aunque escuchamos la radio, estamos en pleno velorio».
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