La globalización imperialista y sus contradicciones (II)

In memorian Guillermo Waskman Schinca.

Los cambios estructurales de la economía mundial han debilitado el poder económico de Estados Unidos, que trata de mantener su dominación por todos los medios, incluyendo la guerra. Esto se expresa en una creciente conflictividad internacional y en el despliegue de nuevas formas de manifestación del imperialismo, como lo demuestran las agresiones e invasiones a Afganistán, Irak e Irán en carpeta.

La expansión económica capitalista ­con la relocalización de las transnacionales y el crecimiento que ello implica en los nuevos polos dinámicos asentados en la periferia­ genera contradicciones que se manifiestan nítidamente en las relaciones de interdependencia entre Estados Unidos y China.

Uno. La expansión capitalista ha sometido la economía norteamericana a crecientes niveles de competencia con el exterior, los cuales se acrecentaron junto con el crecimiento sostenido de las economías asiáticas: primero Japón, luego China y posteriormente India.

Estados Unidos, que en algún momento fuera una orgullosa nación exportadora, se ha transformado en el más grande importador mundial. Desde 1992 hasta 2007, el déficit comercial de Estados Unidos se ha incrementado de 84 mil millones de dólares a cerca de 800 mil millones de dólares. Consecuentemente, el prestamista más grande del mundo se ha transformado en el prestatario número uno del planeta.

El crecimiento que tuvo la economía norteamericana en los primeros años de esta década no se explica solamente por el aumento del consumo interno financiado por el excedente de terceros países. El gasto público en el complejo militar-industrial cumplió una función primordial para sostener, a través de sus efectos multiplicadores, los niveles de crecimiento del producto y del empleo. Lo cual, a su vez, repercutió en el aumento explosivo del déficit fiscal.

En busca de convalidar este estado de violencia mundial, Estados Unidos han intentado imponer ­más bien para su «frente» interno­ una nueva noción de soberanía que legitime el uso de la violencia para defender supuestos «valores universales», tales como el binomio democracia representativa y economía de libre mercado.

En Kosovo la agresión militar se disfrazó de «guerra humanitaria»; en Afganistán fue «guerra antiterrorista»; en Irak se trató de «guerra preventiva». Cuando Estados Unidos invadió Irak sin el aval de la ONU, quedaron expuestos los verdaderos motivos de la operación: garantizar el aprovisionamiento energético y consolidar su presencia militar en una región de enorme valor estratégico.

Así la proliferación de los conflictos bélicos cumple dos funciones básicas: una, como instrumento geopolítico para apropiarse de recursos naturales; otra, activar el proceso de acumulación de capital a través del aumento de la demanda a las industrias de guerra.

La exitosa relocalización internacional de las corporaciones estadounidenses le impone a Estados Unidos la necesidad de garantizar la estabilidad de los espacios nacionales donde éstas operan, para consolidar su inserción y su rentabilidad. Las 700 bases militares que tiene EEUU en 130 países están disponibles para ese fin. (1).

Esta lógica perversa hace cada vez más evidente que la militarización imperialista es el resultado directo de un sistema de acumulación del capital sostenido en la dominación y explotación del resto del mundo.

Paradójicamente, las inversiones norteamericanas han elevado el crecimiento de tres potencias nucleares ­China, India y Rusia­ lo cual constituye un reto geoestratégico de largo plazo para EEUU. Debe tomarse en cuenta que, más allá del inmenso peso económico de las empresas transnacionales, países como la República Popular China mantienen un sistema político poderoso, sólido y autónomo.

Dos. Las tensiones entre Estados Unidos y China ­países que sumados representan el 36% del producto mundial­ aumentaron en el correr de 2007. Las relaciones entre el país capitalista más desarrollado y la principal nación emergente se vieron agravadas en agosto de 2007 cuando Estados Unidos presionó a China, como lo ha hecho en otras oportunidades, para que revaluara su moneda a fin de reducir la competitividad-precio de los asiáticos y provocar una disminución de sus exportaciones y un aumento en sus importaciones, lo cual permitiría abatir el déficit comercial norteamericano.

Al mantener el valor del yuan en un nivel bajo, el gobierno chino tiene una ventaja competitiva en el enorme mercado estadounidense, lo que explica porqué las tiendas estadounidenses están inundadas de productos «made in China» mucho más baratos que los nacionales. China inunda de productos a EEUU, consiguiendo un superávit comercial bilateral descomunal: 250 mil millones de dólares anuales, según el U. S. Census Bureau.

China, que ya había revaluado su moneda en 2006, no aceptó las presiones y respondió con la amenaza de vender los 900 mil millones de dólares en Bonos del Tesoro que tiene el Banco Central chino y hacer colapsar la divisa estadounidense. También dicha cifra está en cuestión: según el Tesoro norteamericano los bonos en poder de China eran 407 mil millones de dólares en mayo de 2007.

Esos papeles de deuda son los que compra el gigante asiático con los dólares que recibe por la venta de sus productos al mercado norteamericano y, a su vez, son los que financian el déficit comercial norteamericano, en alza.

La respuesta norteamericana, en el ajedrez de la globalización, fue retirar del mercado estadounidense, por razones sanitarias, productos fabricados en China, tales como, comida para mascotas y juguetes Mattel. La respuesta china fue prohibir el ingreso de productos alimenticios Campbell Soup por el alto contenido de aluminio.

Tres. Aunque Estados Unidos es una potencia cuya dinámica económica se ha debilitado, sus empresas siguen siendo las responsables de la mayor parte de la innovación tecnológica, del comercio internacional y de la inversión productiva mundial. China, aunque es una potencia económica ascendente, tanto por sus exportaciones como por su alta inversión productiva interna, es muy dependiente de la dinámica del mercado estadounidense y del suministro de materias primas y de energéticos.

Es muy difícil que las tensiones y diferendos comerciales chino-norteamericanos se transformen en enfrentamientos drásticos, dado que afectaría gravemente la economía de ambos países. Sin embargo, el debilitamiento del dólar por el agravamiento de la crisis financiera podría llevar a que China, para proteger su economía, se vea obligada a reducir sus reservas en dólares. Si eso sucediera aumentaría sustancialmente la inestabilidad de la economía mundial y los riesgos de confrontaciones militares, básicamente agresiones imperialistas contra países periféricos.

(1) Zia Mian «Protecting the Empire Nuclear Weapons, Military Bases and the United States». November 2005, en //www.tni.org/

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