Una mirada de penetrante sensibilidad

Hay libros que atraen desde la portada. Como un flechazo amoroso. Desde el título, el formato, la diagramación. Y si al hojear sus 150 páginas la distribución y alternacia de texto y fotografía resulta agradable, sentarse a la lectura es una tentación irresistible que se hace en un par de horas en una de estas ocasionales y benevolentes tardes veraniegas.

Es lo que sucede con La mirada horizontal, el paisaje costero de Montevideo de Alicia Torres Corral, Ediciones de la Banda Oriental. Presentado semanas atrás en la Facultad de Arquitectura por su calidad de trabajo de investigación para esa institución, seleccionado por el Comité de Referato de Publicaciones, la autora, profesora adjunta de la Cátedra de Arquitectura y Teoría y Asistente de Investigación del Instituto de Historia de la Arquitectura, publicó en 2001 El paisaje y la mirada. Historia del Parque Rodó. 1896-1930, premiado por el MEC.

Ahora la mirada se amplía, desciende del parque a la vastedad de zona costera. Lo hace de la mano de una escritura cautivadora que no es frecuente en la ensayística. Una sintética introducción prepara al lector sobre el tema a desarrollar: «Montevideo nació en el mar, y trepando por el lomo de la cuchilla se extendió a lo largo de la península ignorando su costa sur. Sin embargo, un siglo y medio después de su nacimiento, la ciudad cambió de actitud y volvió a buscar el Río de la Plata. Primero tímidamente, colonizando tramos aislados del borde costero durante las últimas décadas del siglo XIX. Y con el inicio del siglo XX, emprendiendo de manera decidida su total urbanización.

Ambos acontecimientos, el nacimiento de la ciudad y el retorno a su lugar de origen, obedecieron a políticas y estrategias de Estado orientadas a la explotación de la costa con sentido utilitario; pero también a los cambios operados en la sensibilidad colectiva y en los modos de mirar e interpretar la naturaleza. En la construcción del paisaje costero montevideano se jugaron las búsquedas y la construcción de nuestra identidad nacional.

O, dicho de otra manera, de nuestra diferencia como nación». Luego, el recorrido de la mirada, apoyada en una erudición esgrimida sin alardes ni fastidiosas citas, recoge documentos y reflexiones de diversas procedencias asimilados con la agilidad de un libreto cinematográfico por la íntima consustanciación con la geografía y la historia, la sociedad y la cultura estableciendo coordenadas locales y universales que ennoblecen la investigación. El lector va descrubriendo y compartiendo con la autora ese territorio costero en formación a partir del siglo XVI desde el primer relato escrito sobre «el gastronómico destino de Juan Díaz de Solís» y la leyenda subsiguiente de terrores y crueldades indígenas.

Montevideo «estableció vínculo más fuertes con Europa que con el medio rural circundante», de vocación mercantil y nunca marinera, pues el Río de la Plata para los primeros habitantes de la ciudad significaba dos cosas, invasión y evasión de acceder al «perfume de Europa».

Con un ritmo narrativo que no afloja en ningún momento, Torres va delineando los contornos de la ciudad, la lenta conquista del incipiente urbanismo, en los períodos colonial, el tránsito a la economía capitalista en la segunda mitad del siglo XIX y la construcción del estado moderno en la primera mitad del siglo XX.

Lo registra con claridad meridiana ofreciendo elementos clave de los cambios sociales, políticos y económicos hasta que «la costa devino entonces paisaje significativo, un soporte fundamental de la identidad y la esencia montevideanas», «un paisaje transformado o construido para resolver el contrapunto de las dimensiones de la tierra y el mar». Esa «tierra hermosa y apacible» al decir del portugués Pedro Lópes de Souza, se fue transformando y la habilidad de la investigadora radica en contar una historia sabida con acentos nuevos, como un re-descubrimiento, desde las sucesivas ampliaciones del perímetro urbano en consonancia con los regímenes de turno y el crecimiento populacional.

Así, los «parques fueron concebidos como lugares destinados a la escenificación de los rituales del patriciado y de la nueva burguesía empresarial y mercantil y al disciplinamiento de las clases populares», como las variantes introducidas en el uso de los baños en la playa que, desde razones de higiene, se fueron deslizando hacia las medicinales y recreativas y mundanas y el fascinante proceso evolutivo de los balnearios, junto con el transporte y los primeros tranvías que facilitaron el acceso a las clases humildes.

Con elocuentes fotografías documentales, el lector visualiza el texto de esa costa que lentamente es unificada por la construcción de la rambla, «ese extenso palco desde el que contemplar el espectáculo sublime del Río de la Plata, último refugio de la naturaleza sin humanizar», con sus muchos aciertos y varios errores, de acuerdo a los proyectistas epocales. Sin demorarse en anécdotas o en detalles minuciosos, Alicia Torres Corral devela aspectos que si bien han sido tratados en otras ocasiones a partir de Isidoro de María y su Montevideo Antiguo, adquieren una relevancia significativa e íluminadora por su atrapante estilo discursivo.

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje