Estreno. A partir de mañana podrá verse "Michael Clayton", un incisivo thriller que denuncia el poder de las corporaciones

Una siniestra conspiración de silencio

El filme, que es dirigido por Tony Gilroy y protagonizado por George Clooney y Sydney Pollack, es una ácida mirada a un mundo cada vez más perverso y deshumanizado.

Hace un año, reseñamos «La corporación», una película francesa del iconoclasta realizador Constantin Costa-Gavras, que exponía, con singular crudeza, las facetas más perversas del neoliberalismo salvaje. Su protagonista, un exitoso técnico que pierde su empleo, deviene en un alienado asesino.

Como otros filmes análogos, ese título emblemático corroboró que los paraísos capitalistas mutan frecuentemente en infiernos y que los promocionados paradigmas del primer mundo desarrollado suelen ser meros espejismos.

«Michael Clayton», el filme del debutante Tony Gilroy que fue presentado en calidad de anticipo en el Festival de Cine de Montevideo, asume una escrutadora radiografía del elitista universo de las corporaciones.

Aunque su abordaje es el de un thriller con abundantes e intrincadas vueltas de tuerca, este trabajo propone una visión ácidamente crítica de ese poder sin rostro ni corazón.

El relato, que insume casi dos horas, tiene como protagonista a un abogado de un poderoso bufete neoyorquino, cuya misión es ser mediador en situaciones complejas de acaudalados clientes, habituados a actuar en la más absoluta impunidad.

Tony Gilroy impacta al espectador al iniciar su historia con la destrucción de un automóvil mediante una poderosa bomba, lo que permite intuir una tragedia.

Aunque ese episodio hace presumir que estamos ante un filme gastronómico al mejor estilo de los sub-productos de Hollywood, el posterior curso del relato desestima ese ángulo conformista.

Los tiempos narrativos retroceden a cuatro días atrás, con el propósito de desentrañar la génesis de una siniestra conspiración de silencio, que se propone borrar las pruebas de un escandaloso caso de contaminación ambiental.

En ese contexto, la historia discurre en dos planos concretos pero complementarios: la eventual investigación del atentado destinado a eliminar a los testigos del ilícito y los dilemas morales del propio protagonista.

La película aborda las tribulaciones del abogado interpretado por George Cooney, quien enfrenta una auténtica encrucijada entre la lealtad a un amigo colega depositario de graves denuncias contra una poderosa empresa multinacional agroquímica y el cumplimiento de sus deberes profesionales.

En forma paralela, el personaje debe dilucidar sus propios conflictos familiares y los problemas financieros derivados de una deuda contraída con usureros, situación que puede condicionar sus decisiones y hasta sus opciones éticas.

Aunque naturalmente el tema no es nada original, Tony Gilroy, que además es el guionista, se las ingenia para construir una laberíntica trama, que incluye dos o tres secuencias de alta tensión y suspenso muy bien resueltas.

Sin embargo, el peso del relato no reposa únicamente en el mero caso policial, sino en la denuncia de la impunidad con la que actúan esos poderes paralelos.

Aunque podría objetarse que el epílogo es algo complaciente, el realizador ensaya una reveladora radiografía psicológica de los personajes, que desestima eventuales maniqueísmos y reflexiona en torno a las habitualmente imprecisas fronteras de la moral y la ética.

«Michael Clayton» es un filme osado, potente y bien narrado que mixtura el thriller con la denuncia, impugnado las despiadadas prácticas del poder del capital trasnacional.

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