Noche de museos

En la tercera edición de Museos en la Noche se ajustaron los mecanismos de la organización. El clima agradable ayudó. Y mucho. Las multitudes acudieron a la cita y el comportamiento, más que aceptable. En especial en el Museo Nacional de Artes Visuales donde una inesperada huelga de funcionarios del Ministerio de Educación y Cultura a causa del no pago de horas extras (un reclamo legítimo) casi hace peligrar el acceso. No ocurrió. Se extremaron las medidas de vigilancia y los numerosos espectáculos, dentro y fuera del local, no impidieron, como otras veces, que el público, habituado a estas visitas y otro gran sector, estrenando su experiencia, se detuviera con especial atención en las obras en exposición, siendo Juan M. Blanes el pintor preferido, e hiciera colas para la instalación monumental de Agueda Dicancro o participar con entusiasmo (chicos y grandes) en la propuesta de Gerardo Goldwasser para la Bienal de Cuenca.

Habrá que pensar, para futuras ediciones, la manera de instrumentar mecanismos que atrapen, con proyección de futuro, con mayor intención, la observación de las diferentes expresiones artísticas (publicar folletos orientadores de las diferentes escuelas y autores, regular la cantidad de público, por razones de seguridad y comodidad en el desplazamiento y acaso, guías con micrófono a determinadas horas, proyección en el exterior de las obras). Diferentes generaciones confluyeron, respetuosas y participativas. Señal inequívoca del interés por conocer el arte nacional. Vale la pena tener en cuenta este interés para atraerlo con imaginación y cultivarlo en permanencia.

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