Cine. A partir de mañana será exhibida la magnífica obra de Rainer Fassbinder "Berlin Alexanderplatz"

Mirada al huevo de la serpiente nazi

La serie evoca los tiempos duros de la República de Weimar y el desarrollo del huevo de la serpiente nazi. El ciclo, promovido con el Instituto Goethe, culminará el jueves 27 de diciembre.

Recién diez años después de la muerte de Rainer Werner Fassbinder comenzó en Europa la divulgación de esta obra monumental (en total, quince horas cuarenta minutos) que el cineasta había rodado en trece capítulos y un epílogo para la televisión, y que solamente había sido mostrada hasta entonces en el festival de Venecia de 1980.

La concepción, empero, es más cinematográfica que televisiva. Su acción se sitúa en Berlín entre 1928 y 1929, y la historia entremezcla las crisis económicas y morales, y el desánimo que desembocarían en la tiranía nacionalsocialista. En el conjunto de la obra de Fassbinder Berlín Alexanderplatz ocupa un lugar privilegiado, y como lo señalara el crítico Yann Lardeau «contiene, en anamorfosis, todos los filmes pasados y siguientes» del realizador. Sus rasgos principales están presentes aquí: la calidad de provocador imprevisible, la politización de los sentimientos, los detalles de ternura y brutalidad alternando en los personajes, una utopía implícita sobre la humanidad y las pobres gentes. «Maldito sea quien confía en los hombres», es el leit-motiv permanente del libro de Alfred Döblin que Fassbinder adapta para construir una suerte de novela-río en torno del personaje de Franz Biberkopf, antiguo obrero vial que sale de la cárcel luego de cuatro años por haber matado a su mujer. Sin trabajo, sin dinero, el mundo libre que descubre es el de la crisis de 1929. Tras varios esfuerzos por vivir honestamente con diversos trabajos precarios se sumerge en las facilidades del crimen. El proxenetismo, la estafa, tras el encuentro fascinante con un crápula que lo utiliza.

El protagonista es un gigante generoso, servicial, desprovisto de malas intenciones, pero poco inteligente, que transita de la blandura y el cariño a la dureza iracunda y brutal.

La historia tiene sus vínculos con un tiempo histórico que incubaba el huevo de la serpiente nazi. La referencia geográfica a la Plaza Alejandro de Berlín por donde deambula Franz une la peripecia, el tiempo pasado y la degradación, hasta convertirla en una metáfora histórica. Los sentimientos (la confianza traicionada por quienes el protagonista cree sus amigos, la fascinación que un delincuente ejerce sobre él, la destrucción de su vida por la muerte de la última mujer a la que creía amar) son claves de un trauma político, como Fassbinder había subrayado en otros filmes (Lili Marleen, Lola).

El propio Fassbinder explicitó sus intenciones en un texto que acompañó la exhibición del filme en Venecia en 1980: «Los hechos que probablemente sólo despertarán el temor del espectador en una primera visión, espero que también despierten en él una sensibilidad por la historia de Alemania. Y esto es esencial y necesario, porque si esa historia de Alemania sigue siendo reprimida y ocultada, algo va a comenzar a fermentar de nuevo debajo de la superficie».

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