LA LENGUA NO  ES DE TRAPO

Polisemia juvenil

Hace un par de meses dediqué algunas de estas columnas al lenguaje de los jóvenes, tratando de compartir mi asombro con el lector a propósito de los cambios semánticos que ese grupo etario incorporaba a palabras y expresiones cuyo significado hasta entonces había sido otro.

Citaba entonces el uso de la locución «de más» (que en vez de significar «excesivo» ha pasado a ser sinónimo de «excelente» o «placentero») o del adjetivo «obvio» como sinónimo de «por supuesto» o «desde luego».

Hoy pretendo analizar no solamente la variación semántica que decretan adolescentes y veinteañeros, sino la asombrosa polisemia que otorgan a los vocablos.

Veamos, por ejemplo, el verbo «agitar».

Un verbo común y corriente que hasta ayer nomás tenía una semántica casi unívoca que a gatas si le daba para ser usado en sentido figurado.

Los adultos solemos usarlo en recomendaciones farmacéuticas: agitar antes de usar; o para referirnos a perturbaciones sociales. Sin embargo, cuando se me ocurre instar a mi hija a dedicar más tiempo a la preparación de un examen, ella suele responderme: «no agites, viejo», de lo cual debo deducir que ese «no agites» significa exactamente «dejate de joder». Pero la cosa no queda ahí, porque también puede oírse en un grupo que se propone ir a tomar una cerveza: «Bueno, dale, vamos a agitar esa». Curioso, ¿no?

Con el verbo «curtir» sucede un fenómeno semejante. Para la gurisada, este término no tiene nada que ver con el proceso a que se someten los cueros, ni con el efecto del sol y el salitre sobre la piel humana, ni tampoco con acostumbrarse a la vida ruda.

Nada de eso; el significado juvenil de curtir va desde fornicar hasta tener el hábito de frecuentar (curtir boliche), o de ser noctámbulo (curtir la noche).

Para terminar, le advierto que preste atención cuando oiga a un muchacho decir de alguien que es «un pantera», pues puede querer decir tanto que es una fiera, alguien de cualidades excepcionales que se destaca en algo, como un reverendo zopenco, un nabo, un gil a la gurda. ¿Qué me dice?

­Y qué quiere que le diga, yo estoy más bien para curtir otra grapita.

­¡Qué lo parió!

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