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Las mujeres inquietantes de Gandolfo

Esta primavera trajo un ramalazo de oxígeno para las letras, buenos lectores y autores nacionales «no masivos» con la creación de Casa Editorial Hum. La iniciativa de Martín Martín Fernández Buffoni, antes vinculado al sello llamado Artefato que también había sabido editar rarezas de calidad como el guión de «Whisky» y dramaturgia uruguaya contemporánea. Hum irrumpe con un tándem de narradores uruguayos de primera línea, podría decirse que «de culto». Lanza al mercado una colección de narrativa breve, y anuncia que los títulos contarán con pronta distribución en el exterior.

La nómina incluye a «Los secretos de Romina Lucas», y «Horas-puente» de Ercole Lissardi, «Gran ensayo sobre Baudelaire», de Felipe Polleri, «Pogo» y «Derretimiento», de Daniel Mella, «Cueros de culebra», de Rafael Juárez, «Nueva York», de Joaquín Torres García, y «Portland», de Alejandro Ferreiro.

Elvio Gandolfo es, notoriamente, uno de los mejores periodistas culturales de Uruguay. Sus artículos de construcción impecable, fundamentados y nítricos, y casi siempre impregnados de humor, han brillado y también crispado al discurso «oficialista» de las letras y la intelectualidad vernácula. Por ejemplo, aquel inolvidable ensayo deconstructivo (para muchos, destructivo) sobre Mario Benedetti, sólido, valiente e hilarante a la vez, recopilado en el libro «Polaroid: crítica de la cabeza uruguaya».

Nació en Mendoza, es hijo del poeta Francisco Gandolfo, y padre de la periodista cultural Laura a quien considera una de sus mejores lectoras (amén de otros como Mario Levrero a quienes destaca). Ha traducido obras de Tennessee Williams (aunque teatro es lo que menos disfuta traducir), Jack London, H. P. Lovecraft, Henry James y Joseph Conrad, trabajado en revistas como El péndulo, Diario de poesía, V de Vian y los diarios La Opinión, Clarín y La Capital, y publicado títulos como ‘La reina de las nieves’ (CEAL, 1982), ‘Sin creer en nada’ (Puntosur, 1987), ‘Dos mujeres’ (Alfaguara, 1992), ‘Ferrocarriles Argentinos’ (Alfaguara, 1994), ‘Parece mentira’ (Fin de Siglo, 1993) y ‘Cuando Lidia vivía se quería morir’ (Perfil, 1998). Su novela Boomerang (Planeta, 1993) fue finalista del Premio Planeta 1992.

El libro que acaba de editar Hum es la primera publicación no periodística o de ficción de Gandolfo en diez años. Las «Mujeres» de las que tratan estas historias protagonizan misterios inquietantes. Se suceden encuentros con una ex pintora y estudiante de medicina, una obesa y grotesca señora cuya mirada puede provocar inexplicables consecuencias, y vecinas bailarinas que frecuentan una pista popular de música tropical y se encaminan a un destino sangriento.

Hay, en el primer cuento de la serie de féminas que desfilan por las páginas, una descripción impresionante. La de la experiencia de dos amantes en la espesura del invierno y de la noche, unidos en un cuarto desnudo de la Ciudad Vieja en un encuentro sexual que se vuelve algo más que eso, algo distinto, y peligroso.

«..la besó, buscó su lengua, enredándola y tocándola apenas con los dientes, sin llegar a morderla. Ella apretó aun más el abrazo y Berti cerró los ojos. Hubo un gemido aun más agudo, fino, casi en el límite de lo audible, y entonces lo invadió una ola de terror extremo, en la oscuridad de los ojos cerrados. Porque sintió que lo que lo envolvía no era la piel casi blanca de Irene, ni los brazos de la mujer que amaba y compraba pan en la panadería, sino otra cosa múltiple, enorme, vigorosa, distinta hasta la repulsión, de la que quería separarse ya, para correr hasta interponer la máxima distancia posible, en tiempo y espacio».

Cuando Gandolfo termina de escribir un texto de Gandolfo ­según declaró el autor a la periodista Ana Belluscio, publicada a fin del año pasado en Interzona-, piensa: «Gandolfo es muy bueno». Es pertinente que lo sepa y que lo diga. Hastía el mandato de mesócrata (y casi siempre falsa) modestia uruguaya que acosa a los maestros. La asunción de Gandolfo se llama asertividad, no soberbia. Y tiene absoluta razón.

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