Crossover carioca
Desde su aparición en el horizonte musical brasileño en 1983, los Paralamas se constituyeron como una de las opciones más atractivas dentro del mundo del rock y el pop norteño. Originarios de Rio de Janeiro, los integrantes del grupo (Hebert Vianna en voz y guitarra, Bi Ribeiro en bajo y Joao Barone en batería) apostaron desde un comienzo a la mezcla de distintos estilos bajo el formato de canción pop.
Primeros pasos
En sus primeros dos discos, Cinema Mudo (1983) y O passo do Lui (1984), el grupo expermientó los primeros cruces entre rock, pop y reggae, mostrando en los tres o cuatro sencillos resultantes de esos trabajos (Vital e sua moto, Quimica, escrita por Renato Russo, el fallecido líder de leagio Urbana y Oculos) una especial habilidad para armar buenas canciones, de estribillos pegajosos, sin perder un ápice de credibilidad musical. Desde el vamos, los Paralamas se caracterizaron además por una saludable austeridad arreglística, que vestía sus canciones sin llegar a pesar sobre ellas.
Selvagem y después
La consagración y el despegue de la banda vendrían con la edición del disco Selvagem, de 1985, el primer trabajo del grupo en donde los matices «locales» comenzaban a ver luz, reposicionando al grupo en un segmento apenas explorado en América Latina, con las excepciones de sus compañeros de generación paulistas, Titas, y una en ese entonces oscura banda argentina lamada Sumo, liderada por un italiano pelado llamado Luca.
En Selvagem, Vianna ensayó por primera vez sus sonidos tipo «cavaquinho» con la guitarra y Barone comenzó a explorar los ritmos regionales, siempre en su peculiar versión, mezcla de pop y de Stewart Copeland (baterista de The Police). También ganó intensidad el sonido de la banda en general, con riffs más densos e inteligentes letras de denuncia social, algo que comenzaría a ser una suerte de marca de fábrica de la poética de Vianna.
El éxito de su último trabajo colocó a los Paralamas en una posición de privilegio a nivel internacional, siendo una de las primeras bandas rockeras de su generación (junto a Legiao Urbana) en salir del cerrado y enorme mercado brasileño. En 1986, el trío liderado por Vianna se iba a presentar en la primera versión de Montevideo Rock. La lluvia suspendió su presentación y los uruguayos debieron esperar hasta 1988 para poder verlos en la segunda versión de ese mismo evento.
En el medio, los Paralamas viajaron a Montreaux, Suiza y participaron de la noche del rock del Festival de Jazz, grabando en esa función su disco D. Por primera vez, el trío se vio ampliado a cuarteto con la inclusión del tecladista Joao Fera, quien ha permanecido junto al grupo desde entonces. El disco mostró a un grupo mucho más crudo que lo que el estudio había permitido entrever.
1989 traería Big Bang, para muchos el climax creativo y sonoro del grupo, en donde al trío más Fera se sumó una sección de vientos de notable precisión y gusto, disparando las canciones a zonas que no resultaban imaginables en una banda pop. Canciones como Bang Bang, Polvora, Volcao Dub y Lanterna dos afogados mostraban sólo algunas de las muchas puntas que el disco alcanzaba.
Los noventa
La primera mitad de los noventa sería la etapa más oscura del grupo, tanto a nivel creativo como de popularidad. Luego de haber vendido entre medio y un millón de copias de cada uno de sus discos previos, Os Graos, de 1991, los alejó de los principales lugares de popularidad. El trabajo, producido por Liminha (Titas, Gilberto Gil) era sensiblemente menos luminoso que su material previo.
Luego vendrían un par de discos poco memorables y un penoso intento por entrar en el mercado argentino (con versiones mal traducidas de sus temas y presentaciones en programas como Videomatch), intento que sin embargo (y junto con la producción de Vianna del segundo disco de Los Pericos) marcaría a fuego a toda una generación de bandas (La Mosca, Kapanga, Bersuit Vergarabat, Los Auténticos Decadentes entre otros) que unos diez años más tarde se volverían famosos haciendo torpes versiones del estilo Paralamas mezclado con bailanta.
Por fortuna 1998 trajo Hey Na Na y 1999 este Acústico, en donde sin caer en la tentación de hacer un obvio «grandes éxitos», los Paralamas mostraron una calidad artística y un aplomo dignos de la enorme banda que son.
La cita con las excelencias de Paralamas es en el Cine Plaza a las 21 horas.
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