Otro Gustavo Laborde
Editorial Plexus acaba de lanzar El último cigarro de Gustavo Laborde. Lo primero que hay que aclarar es que no se trata del periodista Gustavo Laborde, conocido en los ambientes culturales por ser o haber sido cronista cultural de LA REPUBLICA, El Observador, Posdata y El País.
El autor de este libro de cuentos es más joven y puede ser recordado por su participación en la banda Maldita Vaka Tonta en 1995 y 96, o por su poemario El gato negro, de 1998.
La distinción viene a cuento porque a la primera frase se nota que el autor no es periodista y no está acostumbrado a escribir: «El tic tac del reloj parecía una bomba a punto de explotar». No, el tic tac no parece una bomba. Si suena igual que el tic tac de las bombas es porque éstas tenían relojes, estuvieran a punto de explotar o recién armadas.
Todo el libro sigue así. Una agotadora lucha por someter la expresión a los casi insalvables moldes de la sintaxis y una similar catarata de lugares comunes que se cuela mientras el autor intenta llegar a decir algo.
Sobre esto se apoya una prédica moralista: contra varias especies de viciosos y hasta contra los «hipócratas» que estudian en la Biblioteca Nacional, a la que jura no volver a pisar en un relato que es más bien un ensayo confesional.
Una lástima, porque leer mucho –y sobre todo escribir mucho más– le hace falta a este joven inquieto si piensa hacer de las letras su modo de expresión. El hecho de que sus personajes no tengan mucho espesor y que sus angustias y sus sórdidos ambientes el autor los conozca de oído, es menos grave y explicable en un escritor de 26 años.
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