Limpísimo humor de trasnoche
Una agradable sorpresa. En la sala nueva de Arteatro que ya permite descender al sótano, accediéndose cómodamente a una sala en la planta baja, con butacas confortables se ofrece un buen espectáculo que para ensayar una definición diríamos que es un dúo cómico.
González y Fernández, que se presentan a sí mismos como «Menéndez» y «Pelayo», respectivamente, tienen alrededor de treinta y de cuarenta años, representan una minicomedia cuyo tema es su misma obra, si es que se la puede llamar así y si es que la obra llegó verdaderamente a darse.
En una conocida tradición del género cómico, nada les sale bien, ni siquiera el comienzo del espectáculo, donde las luces y ellos entran a destiempo, ni cuando, por la mitad, Fernández solicita cierto acompañamiento musical de tono romántico y se le suministran sonidos heavy.
En alguna parte se dice que el espectáculo se hace mediante improvisaciones, pero aunque es claro que, como todos los juglares, González y Fernández atienden también la sugestión del momento, las líneas generales de su espectáculo están muy sólidamente tendidas desde el principio.
Anotamos dos o tres méritos más: el primero la limpieza del humor, que por lo que recordamos no incluyó ninguno de esos petardos de mal gusto que disparan una risa vacía, y el segundo la prescindencia de toda o casi toda intervención del público que suele considerarse divertidísima y que suele ser molesta. Para mejor, el público, mayoritariamente muy joven, tuvo un comportamiento ejemplar.
Menéndez y Pelayo brindan un trasnoche divertido y permiten conocer a dos artistas que habrá que tener en cuenta en el futuro.
Menendez y Pelayo, con Fredy González y Hugo Fernández, dirección de Freddy Rodríguez. En Arteatro, los sábados a las 0.30 horas.
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