LA LENGUA NO ES DE TRAPO

Más verbos comodines

«Y a la lámpara de bronce, pásele un plumero para sacarle el polvo; y después, la frota con un trapo limpio para sacarle brillo, ¿entendió?».

Tales fueron las órdenes que dio el mayordomo a una de las mucamas, quien corrió presurosa a hacerse de los útiles necesarios para cumplirlas. Yo me quedé reflexionando sobre el curioso hecho de que el fiel criado había empleado exactamente el mismo verbo para expresar cosas bien distintas.

En efecto, si en la primera orden, con el verbo «sacar» quiso expresar la idea de «quitar», en la segunda pretendía expresar lo contrario. Pero se ve que la mucama captó perfectamente bien el mensaje porque le quitó concienzudamente el polvo a la lámpara y luego le «dio brillo» (la hizo brillar) mediante enérgicas fricciones con un trapo. De lo contrario, si hubiera interpretado el verbo sacar según su significado de la primera orden, se habría afanado por eliminar el brillo y dejarla opaca.

Pasa que el verbo «sacar» se presta a infinidad de expresiones en las cuales su semántica primitiva muda notoriamente y suele ser remplazada por significados opuestos. La primera acepción de «sacar» que nos brinda el diccionario de la Real Academia Española (siempre tan estricto y tan exacto en sus definiciones) es la más usual: «poner una cosa fuera del lugar donde estaba encerrada o contenida»: voy a sacar el auto del garaje; sacó un revólver de entre sus ropas (aunque la tradición de la crónica policial prefiere el verbo extraer). Pero después, viene una buena serie de acepciones más o menos vinculadas. Veamos algunos ejemplos. Pescar: fue de pesca y sacó dos corvinas. Invitar y acompañar a alguien: ¿Y, cuándo me vas a sacar a pasear? Ganar: Saqué la grande. Pedir el hombre a la mujer que baile con él: Voy a sacar a la morocha aquella. Comprar: Sacá dos entradas. Obtener: ¡Saqué diez en matemáticas! Fotografiar: Sacale una foto sin que se dé cuenta. Echar: Lo sacó cortito. Publicar: Esa noticia ya la habían sacado; Está por sacar un nuevo libro.

­No saque pecho, Mendieta, que la sacó barata: con un par de grapitas quedamos a mano.

­¡Qué lo parió!

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