Libros de arte

Epocas & estilos de Taschen

Antes, el consumo de libros de arte estaba limitado a un sector de público. En la actualidad, y especialmente a partir de la aparición de la Taschen, se popularizó. Las tiradas de millones de ejemplares han hecho los precios accesibles. Y, en especial, la orientación de los responsables que han sabido suscitar el interés por los temas y los artistas, con un diseño gráfico atractivo y textos a cargo de especialistas. La arquitectura más reciente, la fotografía y el diseño ocupan buena parte del catálogo, con enfoques audaces, renovadores, que incluye el erotismo y los mundos fantásticos. Al parecer, nada de la creación del pasado y del presente le es ajeno a la Taschen.

Desde luego que los títulos publicados en pintura y escultura son amplios. En dos series (mayor y menor, muy accesibles económicamente) los ensayos monográficos de los más variados artistas, con excelentes reproducciones, ya características de sus ediciones.

Ahora se difunde (por la Distribuidora Trecho , la colección Epocas & Estilos, dirigida por Ingo F. Walther. El criterio adoptado por los especialistas encargados de los textos es hacer un sintético resumen, riguroso y ágil, de los principales estilos pictóricos completados con breves cronologías e introducción general, comentarios de numerosímos cuadros y fichas biográficas, aunque no se incluyen notas bibliográficas.

La pintura del Renacimiento (159 páginas, 1997, impreso en Portugal) ofrece una visión más amplia que la del título. Arranca del prerrenacimiento y se extiende hasta el manierismo. El historiador Manfred Wundram se resiste a las generalizaciones estilísticas, ya que los desfasajes en un período del arte europeo son muy evidentes. Tampoco cree en el rupturismo y acepta la tesis, no compartida por la mayoría de los estudiosos, del evolucionismo artístico. Su visión es totalizadora: «Como las artes plásticas son sólo expresión de la historia cultural e intelectual, los aspectos históricos, religiosos, socioculturales y geográficos desempeñan un papel primordial para comprender los fenómenos y desarrollos artísticos. Sin querer cuestionar el valor de una interpretación basada únicamente en puntos de vista estéticos, hay que tener siempre en cuenta que las disciplinas emparentadas con la historia del arte pueden prestar una importante ayuda para comprender una obra de arte y, al contrario, una obra de arte puede proporcionar luz para entender mejor un contexto cultural» Y agrega: «Sin embargo, por mucha atención que se preste a la observación interdisciplinaria, nunca debe olvidarse que una obra de las artes plásticas sólo puede transmitir sus informaciones a través de la vista, es decir, de los comportamientos artísticos. Lo que no puede explicarse plásticamente, permanecerá en el campo de las conjeturas». Hay algo ligeramente vetusto en estas afirmaciones que parecen dejar de lado los nuevos caminos de la hermenéutica y se recuesta en la tradición interpretativa. Son muy acertadas sus reflexiones sobre el Renacimiento (deja de lado las ideas iconológicas de Erwin Panowsky sobre el mismo tema) y, apoyándose en Giorgio Vasari, el primer historiador de arte, recuerda que Rinascità significa el buen arte, la superación del arte de la Edad Media que se desentendía del modelo natural y no un nacimiento de la antigüedad, esto es, renacimiento. Una posición innecesariamente polémica para una breve introducción. De la misma manera que a pesar de sostener un evolucionismo artístico afirma que Giotto produce «una ruptura decisiva, si bien no la única, en el arte italiano». Exceptuando esos detalles, que acaso sean imputables a una traducción que se advierte como insegura, el autor hace un balance muy criterioso del período con hallazgos en los referentes hacia Jan Van Eyck y Masaccio, el significado entre lo sacro y lo profano, las interrelaciones entre el norte y el sur de Europa. El comentario de los cuadros reproducidos es muy instructivo para el gran público aunque deje una cierta insatisfacción al especialista, al no manejar una metodología actualizada. Llama la atención que en un libro editado en Portugal no exista referencia a Nuno Gonçalves, el genial pintor del Políptico de San Vicente, existente en el Museo de Arte Antiguo de Lisboa y obra impar del siglo XV portugués.

La pintura del barroco (159 páginas, 1997, Portugal) está a cargo de Andreas Prater y Hermann Bauer. El primero traza un panorama acertado de la pintura barroca en Italia, Francia, Alemania y España y las características que definen el estilo en general que junta la alegría de vivir, sensualidad refinada,espiritualidad religiosa, variedad de formas que introducen el ilusionismo teatral y escénico en el arte, al mismo tiempo que una manera muy elaborada de dominar a las masas. Los análisis son rápidos y ajustados, con riqueza en los matices en los recursos iconográficos y la nueva definición del cuadro que apareja el barroco. Es lástima que en ese pluralismo estilístico, la irrupción de la mujer en el arte del siglo XVII, que es en la actualidad incontorneable, se nombre solamente a una de ellas, la holandesa Judith Leyster, y omita, nada menos, que a Artemisia Gentileschi, con notoriedad en su tiempo (por diversos motivos además de los estrictamente artísticos) y redescubierta en los últimos años como una de las grandes creadoras, como además lo fueron Lavinia Fontana, Elizabetta Sirani, Clara Paeters y María Merian. Quizá el texto fue elaborado antes de esta eclosión del feminismo en el arte que puso en evidencia los prejuicios de una historia escrita por hombres y sobre hombres. El balance en los Países Bajos de Bauer es también inteligente, al igual que los comentarios de cuadros.

Son dos libros que, salvo los reparos formulados, que no afectan a la comprensión de los estilos, obras y autores, deben ser tenidos en cuenta por el gran público pues ofrecen una rápida y accesible visión de conjunto sin resbalar hacia el eruditismo inoportuno.

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