Contrastes de Buenos Aires
La contaminación ambiental es otro privilegio de La Boca, con la cloaca abierta del Riachuelo. El deterioro de la ciudad se extiende hasta los circuitos exclusivos de la Recoleta y calles de rancio prestigio (Parera, Quintana) lucen descuidadas aceras y bolsas de residuos en pleno mediodía, aunque los uniformados porteros lustran con fervor el bronce de los portales. El transporte, sin embargo, no tiene parangón: por seis pesos uruguayos el boleto se recorre toda la ciudad en ómnibus pequeños al ritmo de coctelera, circulando rápidos y sin tener que esperar pocos minutos ni siquiera en horas de punta.
La actividad cultural ofrece, como siempre, infinitas opciones. Mientras la refacción del Teatro Colón se demorará más de lo previsto (no se podrá inaugurar para el centenario en el 2010) la ópera se trasladó al Coliseo, un teatro nada apto para la música. De cualquier modo, la Elektra de Richard Strauss, con libreto de Hugo von Hofmannsthal, con lucimiento para las grandes divas en los roles de Electra y Clitemnestra, en escena permanente durante dos horas seguidas, atrapa al espectador con la trágica reconstrucción de la maldición de los Atridas. Si las voces fueron notables (Luana Devol, Graciela Alperyn), la puesta adoleció de estatismo, escenarios vetustos y, peor aún, un vestuario imposible de las protagonistas que retacearon el disfrute visual. El encuentro de los hermanos Electra y Orestes no tuvo la memorable intensidad emotiva que consiguieron Elena Zareschi y Vittorio Gasman en el Orestes de Alfieri en el Teatro Solís de la década del 50. En todo caso, es preferible Electra a las transitadas Carmen, Aída o La Traviata.
Homenaje a León Ferrari
Los argentinos tuvieron ocasión de evidenciar, una vez más, la vocación nacionalista. El León de Oro a un artista presente en la 52ª Bienal de Venecia fue para León Ferrari y toda la prensa local, en numerosos artículos, de especialistas y otros no tanto, desbordaron elogios. A la inauguración de Ferrari en Galería Ruth Benzacar concurrió una multitud y este polémico creador, con sus joviales 86 años, aceptaba las demostraciones afectuosas de colegas, abuelas de Plaza de Mayo, con su infaltable pañuelo en la cabeza y legiones de aficionados que, sin embargo, preferían la copa de vino a observar las innovaciones introducidas en su lenguaje el artista homenajeado, una caligrafía casi arábica que, con menos agresividad que la imagen del famoso Cristo con el avión bombardero que recorrió el mundo, centraba su puntería en los supuestos milagros de los tres niños de Fátima, 1917 (Portugal) y la monja Faustina, 1931 (Polonia), en otro extremo de la sala colgaban hongos atómicos gigantes (rojos, blancos, negros, sembrados de ratones negros), mientras en una esfera de poliuretano llena de flores, aves y ratones blancos (Marte), apelaba a la reconstrucción de la vida en un contundente registro emotivo. Más sutiles que la obra presentada actualmente en la colectiva del CCE.
Del Malba al Mamba
El Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba), concurridísimo por generaciones jóvenes, presenta tres muestras temporales. Una, de juguetes transformables originales en madera pintada (y una fea réplica reciente) de Joaquín Torres García, fechados a partir de 1917, pequeños escenarios con figuras recortadas, de variedad todavía desconocida en Montevideo. El conjunto es admirable y el desdoblable que oficia de catálogo no indica su procedencia.
En otro lugar, el videasta escocés Douglas Gordon, nacido en 1966, llama Timeline /Línea de tiempo a la muestra proveniente del MoMA de Nueva York. Es un recorrido en loop, con pantallas de cine, proyectando en anverso y reverso el filme Psicosis de Hitchcock ralentizado en 24 horas y sin sonido. Como en otras obras anteriores referidas a otras películas, Douglas consigue efectos curiosos y una nueva dimensión temporal. También, en monitores pequeños, un juego de manos sumamente erótico en su ingeniosa solución y otros aspectos de videoinstalaciones, no llegan a satisfacer la expectativa de estrella internacional.
Menos aún importa Mónica Giron (argentina del 56) con Neocriollo, piezas escultóricas en cera en una neofiguración orgánica, con aciertos aislados, de vieja formulación.
El Museo de Arte Moderno de Buenos Aires (Mamba) tiene su sede en la Avenida San Juan y un proyecto arquitectónico está en proceso. Mientras, la inteligente directora Laura Buccelatto se instaló temporalmente en el Correo Central, el imponente edificio de principios de siglo. En el segundo piso, previo acceso por un antiguo ascensor funcionando a mano, estupendamente acondicionado, se reparte la Colección Ignacio Pirovano con numerosas obras de Vantongerloo (pinturas, esculturas), serigrafías de Mondrian y Kandinsky, cuadros de Maldonado, Ocampo y otros geométricos de la década del cuarenta y cincuenta, ingresados a la historia del arte argentino. Una buena retrospectiva de Marie Orensanz, argentina nacida en 1936, recorre un amplio espectro de lenguajes (dibujo, pintura, escultura, instalación, libros de artista) dentro de un riguroso minimalismo. Sincronías, despliega el talento de cinco artistas colombianos, instalaciones y videos, inventores de objetos accionados eléctricamente, en impecable demostración de los nuevos medios. Pero el Mamba será desalojado por los caprichos de la «reina» Cristina, con otros proyectos menos culturales para el edificio.
Otros lugares
El Espacio de la Fundación Telefónica está ocupado por OP_ERA: El cuerpo como interfase, integrada por tres artistas brasileños con instalaciones interactivas, más ingeniosas que trascendentes. A la vuelta, la galería Ro propone fotografías de Emma Livingston, nacida en París en 1976, residente en Argentina desde hace dos años, con fotografías de Catamarca y Salta, desérticas imágenes de enorme sugestión plástica en su ambigüedad perceptual.
En el caótico Centro Cultural Borges, un nuevo espacio a la entrada. Proyecto la linea piensa, orientado por Eduardo Stupía y Luis F. Noé que privilegia el acto de dibujar. El extraordinario dibujante Diego Perotta (1973), comenzó hace diez años y en ese lapso consolidó un lenguaje que en la actualidad lo ubican entre las más significativas personalidades de su país. Recorre en La red del caos, título de la muestra, con un trazo sintético que puede llegar a la minuciosidad y al barroquismo en el grabado, la tinta, el acrílico o el esgrafiado en tela para hurgar con penetrante ojo crítico y por momentos, de erotismo desenfadado, por los más diversos temas de la sociedad actual. *
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