La caricia como método de tortura
Manuel Soriano nació en Buenos Aires, Argentina, en el año 1977. Es abogado y, desde el año 2005, reside en Montevideo.
Este joven autor, que actualmente está cursando la carrera de Letras, participó en la publicación colectiva «Voces en las manos» y cosechó el segundo premio en el Concurso de Narrativa de Editorial Nuevo Ser, en 2004.
«La caricia como método de tortura y otros cuentos», su primer libro individual, es una disfrutable recopilación de relatos cortos, en los cuales el talentoso escritor demuestra su originalidad y pulso narrativo. El libro está compuesto por un total de treinta y dos historias, divididas en dos partes.
Pese a su joven edad, Soriano demuestra soltura y oficio, logrando relatos bien armados, atrayentes y algunos asombrosos por su originalidad rayana con el absurdo, lo que, por momentos, nos recuerda a Kafka, Mapaussant y London.
La primer narración, «Entraña y caramelo», está impregnada, ya desde el comienzo, de un humor oscuro y algo retorcido, del cual hace gala el joven escritor argentino.
Aunque la historia resulta interesante, sobre el final incurre en un lugar común en la literatura fantástica, tropezón que, por fortuna, logra olvidarse con la lectura del resto de las narraciones.
«Orden y progreso» es un relato brevísimo, nostálgico y cargado de un aire de evocación y una sensibilidad inusual en alguien de la edad de Soriano.
«Bichos», otra narración aún más breve que la anterior, es una reflexión concisa, irónica y, al mismo tiempo, lúcidamente cruel.
«El último pan» es un cuento marcado por el humor tétrico y la ironía impiadosa, que es una de las improntas de Soriano.
Otro tanto sucede con «Pepito y las nueces», una narración ultra corta, pero de una calidad igualmente destacable.
«La mesas», un cuento que homenajea al recordado Rubén D`Alba, es una interesante ejercicio de humor absurdo y melancólico.
«La muerte tortuga» propone una reflexión sobre la vida y la muerte, tomando como pretexto la existencia de una tortuga que hace las veces de mascota.
Por su parte, «Antigua madera» y «Elogio al Mediahora» son dos historias cargadas de melancolía, que aluden amargamente a las pérdidas y lo inexorable.
«El fingidor» es una narración más extensa que las anteriores, en la cual el escritor corrobora su talento, no sólo para crear historias atrayentes, sino también para lograr una singular atmósfera, irreal pero al mismo tiempo plausible y habitada por un extraño personaje con reminiscencias kafkianas.
«La vieja en la ventana» nos describe un anónimo personaje de los tantos que habitan nuestra cotidianidad, sin que la mayoría de las veces nos percatemos de ello.
«Lustrar las botas» es una historia que, por su extensión, se desmarca claramente de las demás. Se trata de una narración cargada de drama y aventura, contada por una criatura tan cotidiana como un lustrabotas, pero que tiene mucho de aquellos antiguos juglares de la antigüedad.
En tanto, «Ocaña» describe las peripecias de un apasionado de las novelas policiales, que asume la investigación de la aparente desaparición de una vecina, intentando jocosamente emular a sus geniales héroes literarios.
Además de la obra de Soriano, caracterizada por el dominio de los tiempos narrativos, el humor por momentos absurdo, cruel o irónico, la nostalgia y la inclusión de lo fantástico como ingredientes primordiales, cabe destacar la obra pictórica de Patricia Segovia de León, la cual coadyuva a enriquecer el producto final. *
(Edición de autor)
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