Lo que está, lo que vendrá
No obstante, hay señales aisladas de que no todo es mediocridad, voluntad marquetinera, mansedumbre crítica (de los profesionales y de los artistas) en la aceptación de violaciones gritantes a los más elementales principios éticos que en otros tiempos signaron concursos y comportamientos culturales. El todo vale se encarnó en la mayoría de los sectores de las artes visuales. Algún día que historiar este tiempo del desprecio e impunidades de instituciones con protagonistas aquejados del patético síndrome de la arrogancia y el oportunismo.
El italiano Alfonso Zirpoli, nacido en 1954, demuestra en un original montaje (Museo Torres García) que si bien es difícil «dar interés de novedad a las cosas ya vistas, prestigio a las nuevas ideas, frescura a lo que es oscuro, atractivo a lo que es seco y árido, credibilidad a lo que es incierto», como escribe en el pequeño y simpático catálogo, su sensibilidad es capaz de sortear esos escollos y dar una lección de nuevas maneras de ver y presentar la imagen fotográfica.
Casi al lado, en Galería Latina, el uruguayo Julio Testoni (montevideano del 48) se independiza de la maestría paternal y asume la propia por partida doble. Por un lado, la exposición con montaje nada adecuado de Manuel Espínola Gómez (bien solucionado en la pared del fondo a la derecha) con monumentales y suntuosas imágenes sobre el tema Rocas y por otro, la edición (bilingüe) de un espléndido libro de más de doscientas páginas con textos de Angel Kalenberg y Miguel Carbajal e ilustraciones impecables que recogen diversas series (Artigas, Bandera Uruguaya, Fotografía & Arte, Expansiones, Girasoles, Colonia de Sacramento, Cretonas, Italia Ieri, Durmientes y Rocas), con sobrios y ajustados comentarios. Es, por la calidad, brevedad y concisión de los comentarios, por el logrado objetivo entre literatura e imagen, por su hermosura de libro-objeto, uno de los mayores aciertos editoriales de Galería Latina.
En un prólogo-ensayo, Kalenberg caracteriza con sensatez la obra de Julio Testoni enfatizando su intencionalidad pictórica, aunque debió agregar típicamente impresionista y manetiana. «Testoni funda su visión –escribe– en la anamorfosis producto de sus abordajes dinámicos de la realidad » (…) «…acude a formas sinuosas, pero las suyas son trepidantes, se estiran, como si la materia fuera elástica, acordando con lo que sostiene la nueva geometría; se alargan, huyen, se detienen, se condensan, reflejando el paisaje entrevisto desde un vehículo desplazándose a gran velocidad» y hace una comparación entre la pincelada material de la pintura y el resultado unificante de la cámara, «la insatisfacción de no poder experimentarla al tacto», y anotando los cambios de escala y la especificidad de los trabajos de Testoni al decir «que no son producto de manipulaciones de laboratorio, sino de la preparación de las tomas que requieren una cierta duración (un comportamiento del fotógrafo), y cuyo origen puede remontarse a la experiencia de fotografiar las esculturas en vidrio de Agueda Dicancro».
También [email protected], en la Fundación Buquebús, es doble. La exposición de seis historietistas uruguayos que dibujaron y adaptaron cuentos de escritores nacionales: Eduardo Barreto eligió Puntero izquierdo de Mario Benedetti, Fermín Hontou, El cerdito de Juan C. Onetti, Daniel González, el más pictórico y contundente plásticamente, El combate de la tapera de Eduardo Acevedo Díaz, en adaptación de Carlos di Lorenzo, Tunda Prada, Los ahogados de Enrique Estrázulas, que deja a la imagen libre de cualquier escrito y resulta eficaz en su narrativa visual con ramalazos barradianos, Renzo Vayra, El infierno artificial de Horacio Quiroga. El libro-objeto, de cien páginas, editado por Alma Zen, recoge todos los trabajos y configura una exitosa iniciativa original, muy bienvenida, por cierto.
Una sorpresa agradable es la exposición Diez grabadores uruguayos en el Museo Nacional de Artes Visuales, resultado de un envío a la II Muestra de Grabado del Mercosur en Buenos Aires. En verdad, ninguno es un grabador profesional en el sentido estricto y en general han frecuentado otras modalidades expresivas. De cualquier manera es indicativo de la probidad e imaginación con que asumen sus propios y diversificados lenguajes: Claudia Anselmi, Marcelo Legrand, Fermín Hontou, Mario Sagradini, Martín Mendizábal, Enrique Badaró, Pablo Uribe, Gerardo Goldwasser, Rodrigo Flo y Alcides Martínez Portillo.
La semana que se inicia promete novedades de interés. Eduardo Fornasari (Montevideo, 1946), con estudios de dibujo y pintura (Jorge Damiani), anatomía (Moller de Berg) y grabado (Luis A. Solari, D. Finkbeiner), egresado de la Escuela de Psicología Social, uno de protagonistas (junto con Hugo Longa) de una estética neoexpresionista de fines de los años sesenta y principios de los setenta, vuelve, despúes de una larga ausencia. Lo hará desde el cuarto piso (sin ascensor) de la Universidad Ort, a partir de mañana, con 18 obras de gráfica digital, una técnica que empezó a manejar hace poco más de un año y en un diálogo con la computadora extrajo imágenes de una sugestión inesperada. En vez de proyectar su oficio anterior de grabador y dibujante, apelando a diversos programas (scanner, photoshop, photopaint, corel y de arte de word) consigue efectos curiosos e inesperados en color, sugerencias de textura, iluminación, contrastes formales (en la abstracción o la figuración) en tamaño hoja-carta. Realiza diez copias y luego rompe el archivo para asegurar su calidad. Fornasari también estará el miércoles en el museo Nacional de Artes Visuales en el ciclo «Los artistas uruguayos hablan de arte», oportunidad para saber más sobre su trayectoria. En la Colección Engelman Ost, Martín Sastre (Montevideo, 1976) inaugurará «Heidiboy, frescura que perdura durante todo el día», un cruce de pintura, bocetos, videos y diversos objetos. La Galería Del Paseo propone «Amargos 5 raíces», colectiva integrada por Ernesto Vila, Lacy Duarte, Pablo Conde, Nuño Pucurull y Roberto Gilmet. Por su parte, el Cabildo de Montevideo habilitará una muestra pictórica de Javier Santamaría (Melo, 1960), mientras el escultor maragato Sergio Ferrúa ocupará la sala del museo de Arte Contemporáneo y el taller de fotografía de Oscar Bonilla el Instituto Goethe.
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