Nuevos titanes en el ring
Los veteranos deben recordar aquella fantochada de gordos, enanos, musculosos y debiluchos que jugaban a trompearse, patearse y revolcarse por el piso, y enfrentaba a caras ocultas y seudónimos asustantes en lo que Martín Karadajian llamó «Titanes en el ring». Era eso, apenas una broma de peleadores que se hacían los malos y llenaban sus bolsillos de pesos o dólares a costa de la ingenuidad de los televidentes.
Ahora, aunque la ingenuidad casi se ha perdido, en la televisión uruguaya quieren revivir aquella tontería. No con enfrentamientos cara a cara, sino a través de conductores y panelistas de los programas que dedican su tiempo supuestamente a entretener por un camino simple, cómodo, el de denostar, ridiculizar, agredir a otros laburantes como ellos.
Ya no es una pelea entre los directores de los canales, que las ha habido y fuertes, sino entre los que ponen la cara en la cámara, como si fueran jueces y partes de lo que hacen los demás, sin mirar a veces hacia adentro, olvidando que hay que tirar la toalla porque los golpes bajos son descalificantes.
Puede ser que esto sea un contagio de los programas argentinos. En cada uno de estos hay siempre algún tiempo destinado al escándalo entre los invitados por uno de esos programas contra otros del enemigo. Se gastan todos los esfuerzos para ello. No importa dónde esté la figurita que busca publicidad, ya que allí irán todos y el que llegue primero tendrá su primicia de insultos y reproches sobre otra de esas presuntuosas y/o presuntuosos que para vengarse dirá cosas peores en el otro canal. Todo da pena porque los que participan son de segunda o tercera clase en la persecución de sus segundos de fama.
Eso parece que ha penetrado entre los uruguayos. No es suficiente el chiste sobre algún personaje político conocido o sobre una derrota de la celeste, materia que siempre ha sido, en buenas y malas, objeto de la ironía o la saña de los decidores. Ahora debe tratarse de enchastrar a quien labura en otros canales y comete algunas pifias, errores o disparates que llevan a ser tachadas de animaladas, lo que parece poco suave. Nadie es perfecto.
Lo más triste es que hay comunicadores que llegaron a la osadía de prohibir que se les nombre o se les muestre, porque deben creer que en esa lucha sólo deben estar ellos, sin que nadie les moleste. En una tele en la cual los entretenedores deben procurar una imagen profesional digna, estable, no debe ganarse el lugar a través de censuras o limitaciones o como quieran llamarse esas supuestas e ilógicas prohibiciones. Más aun, cuando los protagonistas ingresan por su propia cuenta al mundillo de la baratura de pensar que son divos y que las revistas terminen costeando fotos especiales, las que, `por supuesto, puestas una vez en la calle ya nadie puede entrar a creer que sólo son de su propiedad. Cuando lo mío pasa a ser de todos, no hay otra cosa que un descontrol y un alejamiento de la privacidad. Eso, claro, es harto peligroso y hasta se puede llegar a ser un neurópata.
Más peligroso aun, cuando quienes lanzan sus venenos, en un mundo chiquito como éste, piensan en corto, y en lo mediato pueden ser víctimas de otras letales jugarretas de esos comunicadores que mañana quizás compartan un mismo programa o un mismo canal.
Porque como verseaba José Hernández en su Martín Fierro: «Ninguno me hable de penas// porque yo penando vivo/ /y Naides se muestre altivo// aunque en el estribo esté// Que suele quedarse a pie // el gaucho más alvertido». *
Compartí tu opinión con toda la comunidad