Las mil y una acepciones del verbo dar
Al llegar al diario el lunes de tarde, vi con alarma que el cielo –que de mañana estaba despejado– se había encapotado amenazando lluvia. Le comenté el hecho al almacenero de al lado expresándole mi preocupación por la posibilidad de que nuevamente el tiempo se descompusiera y éste me respondió afirmativamente diciendo: «Sí, dieron lluvia para esta tarde».
No tuve dificultad alguna para comprender el mensaje emitido por el noble comerciante, pero me quedé un tanto atónito al reflexionar sobre el verbo empleado (dar) al que se le da, en este caso, exactamente el mismo significado de anunciar. En efecto, ¿qué se quiere decir con «dieron lluvia para esta tarde» sino que el predictor del Servicio de Meteorología anunció la ocurrencia de precipitaciones?
No sé si el fenómeno semántico a que me refiero ocurre en otras comarcas de Hispanoamérica, pero lo que sí sé es que en nuestra comunidad lingüística el verbo dar tiene infinitos usos y que interviene en un sinnúmero de locuciones o expresiones de variadísima semántica.
Veamos. Podemos empezar por el bastante común «darse cuenta» de alguna cosa: entenderla, comprenderla, advertirla, notarla. Tenemos, también, «darse vuelta»: girar, volverse. Seguimos con «dar en el blanco (o en el clavo)»: acertar; o con la muy notarial expresión «dar fe».
Luego tenemos una larga serie de expresiones formadas por el verbo dar y un sustantivo referido a sentimientos: me da pena; da miedo; le dio bronca; das vergüenza, etcétera, en las que dar toma el significado de «producir», «causar», «ocasionar». Asimismo, es muy común encontrar el verbo dar seguido de una dolencia para expresar que alguien ha sufrido –por lo general súbitamente– algún traspié sanitario: le dio un ataque; si seguís fumando, te va a dar un infarto.
Y para terminar, me detengo en una expresión muy uruguaya (o al menos rioplatense): para expresar la idea de atender a alguien que nos habla, o de obedecer o hacer caso o interesarse por algo, usamos «dar pelota (o bola, o bolilla)». ¡Qué cosa! ¿No?
–Es lo que yo digo: ¿por qué no me da pelota y nos tomamos otra?
–¡Qué lo parió! *
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