Lou Reed hoy a las 21 en concierto en Teatro de Verano

Extasis y pérdidas de un poeta neoyorkino

Hay una sensación primaria en relación a Lou Reed, iconográfica si se quiere: el del cabello ensortijado, lentes ray-ban negros y por supuesto fundido en sus atuendos a oscuro, tensado sobre los hipnóticos acordes de «Walk On The Wild Side» (una canción a la que muchos observadores sitúan como la desencadenadora de la estética rap por su manera expresiva y su arreglística) y diciendo un texto que ha sido el resultado mayúsculo de su modus vivendi.

Del lado salvaje de la vida ciertamente Lou Reed, el ex Velvet Underground que estimulara y respaldara Andy Warhol, es acaso un individuo que posee categoría de artista de culto aún en la masividad, vaya paradoja. Artista en la dimensión profunda de la palabra, para alguien que ha sabido apalabrar como pocos en el escenario de la canción popular contemporánea (junto a Bob Dylan y Leonard Cohen, a quienes Reed reconoce como iguales en tanto talento y resultados superlativos en décadas de labor profesional).

Hay una sensación definitiva en los 57 años de este personaje entrañablemente creativo: música, voz y textos se unifican, se retroalimentan y se justifican entre sí para fundar el movimiento perpetuo de la canción. De una red verbal y sonora que, en rigor, han transformado a este cantautor en uno de los rokers fundamentales del siglo XX. Y asimismo en un poeta de potencial envergadura: no es casual que recientemente, y en una edición bilingüe, se haya publicado una completísima recopilación de sus textos (desde 1967 a la fecha) denominado Atraviesa el fuego y que corporiza lisa y llanamente la idea del Reed poeta, en el sentido de que muchas de sus letras sobreviven sin el respaldo musical.

Reed llegará al escenario del Teatro de Verano para presentar mayoritariamente las canciones de su último discográfico: Ecstasy. Estará acompañado por los instrumentistas que vienen trabajando desde hace años y que conocen de memoria su humor y sus estados de ánimo, su manera escénica y sus tics, sus señas, sus trepadas de intensidad y sus deliberadas contenciones. Se trata de los impecables Mike Rathke (guitarras), Fernando Saunders (bajo) y Tony Smith (batería), quienes seguramente tendrán la indudable solvencia ejecutiva de siempre –como se los vio hace un par de semanas en el programa que dirige el brillante músico David Byrne los sábados a la noche por la señal de Sony– para redondear un concierto en el recinto del Teatro de Verano con un público cuya expectativa es tan superlativa como lo es la propuesta de Lou Reed.

Los materiales de Ecstasy o, más concretamente su poética, refiere a historias rotas. Relatos con atmósferas depresivas o más bien melancólicas, a veces sofocantes y doblegadores al punto de bramar, como en el caso de «Like A Possum», que: «Tengo un agujero en el corazón del tamaño de un camión».

La idea de quiebre, de ruptura o desmembramiento, ese ejercicio de salir de la escena de la pertenencia o la reciprocidad afectiva, o también la sensación de ausencia es la que anima al este álbum discográfico y especialmente a canciones como «Mad» y «Baton Rouge» o incluso «Big Sky», entre otras que factiblemente estañan en el repertorio de esta noche junto a su extensa galería de clásicos.

No es la primera vez que Lou Reed elabora canciones de una caligrafía grave. Ya lo había hecho con resultados extraordinarios en Magic And Loss, una suma de materiales que refería también al tremendo, fatal y doloroso sentido de pérdida pero de sus amigos o sus más próximos. Hay otros discos oscuros: Berlín y porqué no The Blue Mask. En ese contexto, puede sumarse ese brillante disco a dos voces que Reed y John Cale (su viejo compañero de la Velvet Underground) en homenaje a Andy Warhol, poco tiempo después de la muerte de este último: Songs From Drella.

Paradójicamente desde que arrancó su carrera solista con Transformer en 1972 sostenido nada menos que por David Bowie, el disco más transparente y si se quiere luminoso es See The Twilight Reeling, un disco dedicado a su entonces pareja y asimismo formidable compositora y performer Laurie Anderson. Aunque no hay dudas que su mejor disco de los últimos años, todo un monumental relato urbano metropolitano, viene a ser New York del que esperamos incluya alguna de sus canciones en uno de los shows más esperados de todos los tiempos, acaso porque se trata del maestro Lou Reed, el que hace unos días comentó desde su posición de rocker: «La guitarra eléctrica logró sacar la música de las iglesias, marcando así la revolución del siglo». Palabras del lado salvaje de la vida. Bienvenido, Lou.

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