Serrat y su eterno magnetismo
La velada del miércoles fue apenas un pretexto para el reencuentro de Serrat con los uruguayos que, desde hace tres décadas erigieron al cantautor como un ícono de la poesía y la canción popular. Es que Serrat canta y encanta, dice y convence.
Su poder de seducción está más allá de cualquier posible análisis. El recital del miércoles en el Velódromo puso nuevamente en relieve la riqueza expresiva de un cantautor profesional y comprometido con cada uno de los textos que interpretó ante un público extasiado que, por momentos se mantuvo en absoluto silencio y que en otros estalló en cerradas ovaciones.
Como muy pocos otros elegidos, y en en grado superlativo, Serrat enamora a sus auditores, esos que lo han venido escuchando desde que lanzó textos como «Mediterráneo», «Fiesta» y otras tantas canciones instaladas en la memoria emotiva.
La felicidad de este hombre está en el contacto con los espectadores. Tiene el carisma, la sensibilidad y el profesionalismo necesario como para aprovechar cada cosa que pueda ocurrir.
La presentación fue creciendo en espesor y entusiasmo a medida en que se sucedían los temas. Es así que en la primera parte y con una ambientación escénica que mostraba un patio de conventillo, un bar y una típica ciudad latinoamericana, desfilaron los catorce temas del disco que vino a presentar. Las Cansiones fueron sucediéndose entre bromas y relatos, entre silencios y ovaciones.
Casi sin que el público lo percibiera, tras cantar el candombe «La Llamada», la escenografía fue retirada y Serrat entonó entonces sus clásicos más celebrados. Desde «Romance de Curro el Palmo» hasta «Fiesta» pasando por «Aquellas pequeñas cosas», «Penélope», «Matinata» (en catalán) y tantas otras que su público le solicita una y otra vez.
Pudo haber empañado la noche una sobreventa de entradas que, según averiguamos, no fue responsabilidad del productor, sino de la empresa UTC especializada en venta anticipada de localidades, que asumió su responsabilidad. Según se nos explicó, hubo un error informático al diagramar las filas de asientos. Unas 300 entradas fueron firmadas para reintegro del dinero mientras sus poseedores quedaron en otras localidades.
Esto también fue incorporado por Serrat al decir agradecido que nunca había visto tal manifestación de civismo. «Una característica uruguaya que me hace sentir cada día más feliz».
Si sólo en dos palabras se tuviera que definir ese «algo que se percibió en el ambiente», estas serían amor y devoción. Tales son los sentimientos que en Uruguay despierta Serrat. Tras varios bises (reingresó a escena cuatro veces) apagadas las luces del escenario y encendidas las de la pista de ciclismo al finalizar el show, e igual que en otras ocasiones en que Serrat cantó en Uruguay, los concurrentes retornaron a sus hogares con la felicidad a flor de piel y reconfortados por la inyección de humanismo que recibieron de este español que continúa siendo un espejo de las mejores cualidades humanas.
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