Comienza ciclo de filme de Aki Kaurismaki

La retrospectiva dedicada a Kaurismak comenzará hoy en Cinemateca 18 con la exhibición del filme «Crimen y castigo».La muestra, integrada por dieciséis largometrajes y un cortometraje, se extenderá hasta el domingo 14 de octubre y es organizada con la Embajada de Finlandia en Argentina y el Consulado Finlandés en Montevideo.

Cuando Mika Kaurismäki estuvo en Montevideo, hace ya unos cuantos años, durante una conferencia de prensa en Sala Dos de Cinemateca se definió a sí mismo como «un buen artesano», y agregó «el artista de la familia es mi hermano Aki». No se trata solamente de un gesto de humildad y de amor fraternal. Probablemente sea también la verdad. Aki nació en Ormattila (Finlandia) en 1957. Hizo trabajos sueltos antes de fundar Ville alfa, empresa que desde los años 80 va a ser responsable de aproximadamente una quinta parte de la producción cinematográfica finlandesa. Su primera película en solitario fue una versión del clásico Crimen y castigo de Dostoievski, la película que justamente abre esta retrospectiva.

Los temas de Aki han sido con frecuencia el universo de los humildes y marginales, filtrado a través de una dosis de humor y otra de patetismo, y contemplado también con lo que alguna vez se llamó «conciencia social», aunque últimamente no parezca estar de moda. Esas características se mantienen en películas en las que ha trabajado sobre materiales ajenos y clásicos: su Raskólnikov trabaja en los mataderos y su Hamlet pasea sus dudas existenciales en un ambiente de cine negro, entre escritorios sofocantes y apartamentos baratos.

Y el humor asoma en los momentos más inesperados, como en sus películas sobre el bizarro grupo rockero de los Leningrad Cowboys, un acercamiento intencionado con una vertiente satírica a la ex Unión Soviética, de los cuales deriva, entre varios ejemplos de su cine, a formas de la cultura popular norteamericana: no es de extrañar que en la cofradía de amistades internacionales que Mika y él han llegado a forjar se encuentre otra gente con las mismas inquietudes, desde Samuel Fuller hasta Wim Wenders.

De ese modo, Aki Kaurismäki se ha convertido en un testigo de su Finlandia , filtrando esa visión a través de su sensibilidad personal. No es un autor de cine «realista», pero hay una realidad que lo envuelve y saca la cabeza en sus películas, esa Finlandia virtual, entrañable y humana. El autor contempla esa realidad con una mezcla de asombro, desconcierto y considerable inventiva cinematográfica. *

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