LIBROS

Guerra y paz en el siglo XXI

En «Guerra y paz en el siglo XXI», el nonagenario historiador alemán Eric Hobsbawm desarrolla una selección de lúcidas conferencias, en las cuales ensaya una aguda crítica al imperialismo unipolar y la globalización del miedo.

En la introducción de este minucioso trabajo de análisis, el autor evocada la evolución histórica del siglo pasado, que fue pautada por grandes conflagraciones bélicas mundiales, autoritarismos genocidas y fanatismos de sesgo mesiánico.

Partiendo de la recreación de ese tumultuoso pasado reciente, el estudioso corrobora –una vez más– que el siglo XX fue quizás el más violento de la historia de la humanidad.

Hobsbawn ingresa en la trama política de esos conflictos devenidos en guerras de dimensión global, que enfrentaron a estados nacionales articulados en torno a grandes coaliciones militares.

La revisión de estos sucesos que estremecieron al mundo no se agota en la paz consagrada luego de la rendición del eje encabezado por la Alemania nazi, sino que ingresa en las ulteriores turbulencias de la guerra fría.

Esa disputa de hegemonías entre bloques ideológicos antagónicos es analizada como la prolongación de una secuencia de guerras de baja intensidad, que se dirimió en otras regiones del planeta, como el sudeste asiático, Medio Oriente, África y nuestra recurrentemente balcanizada América.

Mediante una atinada reflexión crítica, el eminente pensador ensaya una aguda mirada en torno a la evolución de los imperialismos contemporáneos y su trágica influencia sobre terceros países.

Hobsbawn asume la necesidad de profundizar aun más en el abordaje del tema de la violencia, como origen de las grandes calamidades de nuestro tiempo.

En ese contexto, el escritor visualiza a la paz como un concepto sumamente maleable, controvertido y recurrentemente prostituido por el discurso del poder y la grotesca deformación de la verdad histórica.

La breve pero afinada recreación del siglo pasado comporta un mero disparador a la reflexión en torno al tercer milenio, que, como es obvio, también nació bajo el siglo de la violencia.

Sin embargo, Hobsbawm observa que las guerras del siglo XXI tienen radicales diferencias con las del pasado, porque involucran, cada vez más, a las poblaciones civiles.

Para ingresar en uno de los aspectos sin dudas más complejos de su razonamiento, el investigador explica el proceso de descomposición de bloques y la unipolarización del mundo devenida de la crisis y extinción del denominado socialismo real.

En ese contexto, resulta insoslayable aludir a los redivivos nacionalismos paridos por el descongele de la guerra fría, que detonaron conflictos territoriales, étnicos y religiosos.

A la luz de los estremecedores acontecimientos que pautaron esta primera década del siglo XXI, el estudioso critica enérgicamente el papel hegemónico de Estados Unidos y de sus aliados.

Antes de abordar el panorama de conflictividad global desde la perspectiva de las realidades locales o regionales, el ensayista se aventura a pronosticar la prosecución de la violencia en sus más diversas manifestaciones.

En ese contexto, advierte que, contemporáneamente, los potenciales epicentros de conflicto están en las sociedades más fragmentadas y aquejadas por la pobreza y la inequidad social.

A su juicio, esas fuentes de tensión son aun más amplificadas por la intervención de las potencias en los asuntos internos de algunos estados nacionales, con presuntos propósitos de disuasión y democratización.

Escrutando con una mirada panorámica los escenarios contemporáneos, el lúcido analista marca el punto de inflexión que supuso la revolución tecnológica, la reconversión de la economía planetaria y la acelerada mutación demográfica, la cual generó un hipertrófico crecimiento urbano y el virtual vaciamiento del medio rural.

Eric Hobsbawm inscribe estas cruciales transformaciones estructurales en el siempre controvertido fenómeno de la globalización, partera de un mundo cada vez más interdependiente, con crisis de identidad y acentuación de las inequidades sociales.

En ese contexto, el historiador reflexiona en torno a la ruptura de los equilibrios impuesta por la unipolaridad, criticando ácidamente la paranoica belicista norteamericana, tras los atentados del 11 de setiembre de 2001.

Según el ensayista, a diferencia de lo que sucedía durante la guerra fría, cuando el mundo estaba agrupado en bloques ideológicos y alianzas militares, hoy Estados Unidos desempeña un papel de árbitro solitario.

Hobsbawm reflexiona que esa suerte de creciente aislamiento está impactando fuertemente hacia el interior de la sociedad estadounidense, además del natural deterioro de la imagen exterior.

El prestigioso pensador realimenta el debate sobre el imperialismo como concepto político, sociológico y hasta filosófico, extrapolando la experiencia norteamericana al papel que otrora desempeñó Gran Bretaña.

Sin embargo, advierte acerca de las radicales diferencias existentes entre ambos momentos históricos, las pautas culturales, el peso de las tradiciones y las identidades.

Analizando minuciosamente la genealogía del imperio como expresión de poder, Eric Hobsbawn considera que el expansionismo norteamericano no será sustentable en el tiempo.

Según el historiador, la arquitectura del sistema colapsará por sus propias contradicciones domésticas, originadas en el multimillonario costo de las campañas militares, el déficit de las cuentas públicas, el consecuente estancamiento económico, el derrumbe del dólar y la crisis de liderazgo y credibilidad.

Para afirmar su admonitoria tesis sobre derrumbe de la supremacía estadounidense, el investigador aborda el creciente papel de la opinión pública, así como la visible erosión del discurso hegemónico, fuertemente jaqueado por la realidad.

El ensayista no pasa naturalmente por alto la importancia que siempre tuvo el catecismo propagandístico para la Casa Blanca, que hoy se encuentra en una auténtica encrucijada.

Las bárbaras violaciones a los derechos humanos perpetradas por las tropas de ocupación y la situación de los prisioneros del campo de concentración de Guantánamo, han colisionado fuertemente con la tradicional prédica demócrata del imperio.

Ese aspecto particular del tema, que merece una aguda mirada crítica por parte del autor, constituye quizás el meollo del problema de credibilidad que afronta Estados Unidos.

Eric Hobsbawm incursiona en otros escenarios de debate, como el recrudecimiento de los nacionalismos, tema que aborda con idéntico criterio contextual.

En ese marco, su razonamiento se remite a las consecuencias del derrumbe del socialismo real en Europa del Este y en otras regiones del globo, por la crisis de identidad y liderazgo provocada por la desaparición de la Unión Soviética.

El investigador analiza las facetas más revulsivas y dramáticas de ese proceso de descomposición y atomización geográfica y cultural, que devino en genocidios, «limpiezas» étnicas y la resurrección de odios ancestrales.

El avezado académico lanza un alerta respecto a la situación de las democracias liberales, reflexionando en torno a sus fortalezas y vulnerabilidades, provocadas por la elitización de las decisiones y la caída de los niveles de participación ciudadana.

En esta obra, Eric Hobsbawm construye un revelador ensayo en torno a las diversas tensiones que impactan en la escenografía del mundo contemporáneo.

Sus reflexiones constituyen una crucial materia de debate sociológico, en torno a la violencia, el imperialismo, el ejercicio abusivo del poder y la rediviva epidemia de miedo e incertidumbre que aqueja a la humanidad. *

(Edición Memoria Crítica)

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje