Un nuevo camino y las mismas banderas
El narrador e investigador, que es uno de los más importantes historiadores del guerrillero argentino cubano Ernesto «Che» Guevara, visitó durante dos días nuestra capital, a los efectos de presentar Pancho Villa, una extensa biografía en torno al emblemático revolucionario mexicano.
En el transcurso de un extenso reportaje concedido a LA REPUBLICA en el hotel céntrico en el cual se hospedó, el laureado escritor se refirió al prolongado proceso de elaboración del trabajo biográfico sobre Pancho Villa, así como también al Libro verde del Che, que recopila más de sesenta textos de Pablo Neruda, Nicolás Guillén, César Vallejo y León Felipe, que integraban el poemario de cabecera del paradigmático combatiente.
En el marco del diálogo, «Paco» Ignacio Taibo también aludió a los actuales desafíos de la izquierda latinoamericana, sus debates ideológicos y su praxis transformadora.
-¿Cómo fue el proceso de elaboración de esta biografía sobre Pancho Villa, que tiene más de ochocientas páginas, lo que, evidentemente, demandó una larga investigación?
-Llevó mucho tiempo. Entre la investigación y la escritura transcurrieron más de tres años y medio.
Cuando lo terminé, realicé una gira por más de cincuenta ciudades de México, la mayoría de ellas del Norte.
En Querétaro, la presentación del libro fue en la estación del tren. Lo que me impresionó fue que los ferrocarrileros llegaban tocando las sirenas y saludando desde las ventanas de las máquinas. Incluso, me recibió un cuarteto de música que cantó canciones villistas.
Otro tanto me sucedió en Durango, donde tardé varios minutos en empezar a hablar. Allí, la gente coreaba: «Vuelve Villa, cabrones». Terminamos aplaudiéndonos mutuamente.
Sin embargo, la presentación principal fue en Ciudad de México, donde coincidí con los campamentos que se hicieron en rechazo al fraude electoral. Había mil doscientas personas y terminé firmando seiscientos libros.
-Nos imaginamos que el libro debe haber generado un fuerte debate.
-Así es. Generó un debate muy caliente. Sin embargo, lo que más me impresionó fue la gran aceptación que ha tenido en el resto de América Latina.
Yo atribuyo este entusiasmo a que el fantasma de Pancho Villa sigue sobrevolando el continente.
Incluso, algo digno de resaltar es que se vendieron dos ediciones nada menos que en Miami, lo que naturalmente no me esperaba.
-Quiere decir que no sólo hay anticastristas en Miami.
-Evidentemente. Cuando presente allí el libro, quedé realmente sorprendido porque había público de trece países latinoamericanos.
La venganza de los oprimidos
-¿Podemos hablar de oprimidos contemporáneos recogiendo la herencia de los oprimidos del pasado?
-Villa es, básicamente, la confirmación de la vocación de venganza de los agraviados. Es una venganza brutal, que se expresa en cagar a la oligarquía, hacerla pomada, escupir y bailar sobre su tumba.
El gran desafío de abordar un personaje sobre el cual tanto se ha escrito y sobre el cual hay tantas leyendas negras, era hacer un libro que peleara en varios frentes.
-¿El desafío fue traer el mito a tierra?
-Había que construir un personaje de carne y hueso y darle coherencia, poniendo en orden las historias. Por otro lado, también me propuse darle contexto a las anécdotas que recuperé, para que el libro pudiera ser leído como la novela de una vida que generó una leyenda.
-¿La iniciativa de escribir sobre Pancho Villa respondió a una compulsiva necesidad de expresar algún sentimiento contemporáneo de rebeldía?
-Yo estaba muy enfadado, por la forma como se ha venido pervirtiendo el país con la nueva propuesta conservadora neoliberal. Entonces, me propuse exhumar al fantasma de Villa para que les metiera miedo.
-Pancho Villa es el revolucionario, pero también el mito aterrizado en la realidad. ¿Qué relación hay entre este personaje y Ernesto «Che» Guevara, sobre quien tu tanto investigaste y escribiste?
-Terminé hace un par de años una versión corregida de la biografía que escribí sobre el Che y luego, inmediatamente, me puse a trabajar sobre Pancho Villa.
Soy consciente que corría el riesgo que fuera visto como una continuidad, aunque tengo claro que son dos personajes y dos épocas muy diferentes.
La más importante diferencia entre ambos es que el Che fue un hijo de la clase ilustrada y progresista, mientras que Villa fue un bandolero no reciclado, que fue iluminado por la revolución.
Vinieron de dos mundos diferentes y entendieron de dos maneras diferentes la violencia.
La visión del Che sobre la violencia es extremadamente racional, ya que se la impuso como una necesidad y la asumió como una obligación.
En cambio, para Villa, la violencia fue una expresión natural que se desprendió del día a día, porque la trajo puesta y la practicó desde los doce años. Luego, comprendió que la violencia organizada le permitía construir un modelo de sociedad.
Para el Che, hay una elaboración teórica y un modelo, para cuya consecución el apeló a la violencia.
-¿Qué los hace, tanto a Pancho Villa como al Che, dos triunfadores y no dos perdedores de la historia?
-Sus derrotas. Ambos fueron consistentes en el proyecto de sus vidas, ya que no negociaron sus ideales en ningún momento.
-Con la perspectiva que otorga el tiempo y visualizando el presente, ¿hasta qué punto podemos considerar que valió la pena el sacrificio de ambos revolucionarios?
-La historia nos impone salir de preguntas como ésta, para poder contar lo que realmente sucedió. Hay que dejar que sea el propio lector el que haga sus extrapolaciones.
El escritor lo que debe hacer es narrar, teniendo mucho cuidado en no envenenarse. Sólo de ese modo se puede contar los amores, los odios, las distancias y las proximidades.
Ambos se merecían una biografía no edulcorada pero tampoco ideologizada, sino una biografía narrativa.
-¿Hay en tus reflexiones una definición política implícita?
-Yo vengo de una izquierda tradicional acostumbrada a ideologizar todo y a subordinar lo sucedido a las ulteriores interpretaciones.
La tendencia de la nueva izquierda de América Latina es empezar a contar las cosas de una manera diferente.
Lucha electoral y resistencia
-¿Cuál es tu visión sobre la denominada nueva izquierda?
-Que no somos como la vieja izquierda. Todavía no sabemos qué queremos, cómo lo queremos y qué quitarnos del pasado. Tenemos dudas por todos lados.
Hay que aprender de la historia. Por ejemplo, que la vanguardia no se proclama y sí se encuentra en el seno de la sociedad.
Hay que abandonar todos esos materiales del estalinismo, que fueron un veneno durante mucho tiempo para la izquierda.
-De algún modo, parecería que conviven dos visiones de izquierda en América Latina: una encarnada por Fidel Castro, Hugo Chávez y Evo Morales y la otra bastante más socialdemócrata y no subordinada a los postulados históricos.
-Considero que actualmente hay muchas otras izquierdas, como el modelo zapatista y los grandes movimientos sociales, entre otras.
Para formar conciencia, lo que hay que dar es una gran batalla por la alfabetización funcional y el fomento de la lectura, porque el país que lee es un país crítico.
-¿El desafío es entonces regresar a las raíces del marxismo prescindiendo de las interpretaciones dialécticas?
-El desafío es asumir todo en forma crítica. Yo no tengo ningún problema en que M
arx y Bakunin convivan en mi cabecera.
Sin embargo, creo que la doctrina es la muerte de la ideología.
Quiero decir que incluso una experiencia socialdemócrata light me puede resultar simpática, porque es positivo que una sociedad logre municipalizar un transporte que por años estuvo en manos de un monopolio mafioso.
-¿En tu discurso hay una legitimación de la teoría del mal menor?
-Puede ser. Sin embargo, lo que nunca se puede negar es el derecho a avanzar que tienen las sociedades.
La teoría de la victoria final es una teoría falsa, porque lo que hemos visto, en cambio, es una lucha continua.
-Más allá de la superación de algunos dogmas, ¿no consideras que la lucha de clases sigue siendo hija de la peripecia humana cotidiana?
-Sí, pero lo que habría que definir son las clases sociales que hay hoy. Los parámetros de Marx y Lenin no sirven para interpretar la realidad contemporánea.
Hay otras variables que yo pude percibir, por ejemplo, en las manifestaciones de protesta contra el fraude electoral en México.
-Entonces, ¿estamos viviendo el ocaso de los partidos y el amanecer de los movimientos sociales?
-Es relativamente cierto. Creo que es la hora de la diversidad, de tender las redes y no de tirar de ellas.
Quiero decir que las estrategias son diferentes según las situaciones. A veces, es la hora de la lucha electoral y, en otros momentos, es la hora de la resistencia. Hay varias alternativas para construir mundos mejores, sociedades más críticas, pensantes y nada dogmáticas ni adoctrinadas. *
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