INVISIBLE: AGONIZANDO EN EL LIMBO

La vida y la muerte en thriller sobrenatural

Se trata de un joven estudiante (Justin Chatwin) que, atacado por una patota, es dado por muerto aunque queda en estado de coma mientras su espíritu vaga por el reconocible mundo de los vivos pidiendo ayuda.

En realidad, el argumento es un poco más complicado porque también atiende una línea dramática sobre conflictos generacionales y otros componentes que hablan de lealtades y traiciones pero siempre dentro de esta atmósfera fantástica que aquí se resuelve ­al igual que en la propuesta sueca­ con gran economía de recursos y nulos efectos especiales. Quizás esta perturbadora simpleza resulte el hallazgo más atendible en la formulación narrativa de la historia, donde el limbo por el que transita el personaje se plasma en base a que no solo nadie puede verlo ni oírlo sino que sus «hechos físicos» tampoco dejan huella en el mundo real. De esta manera, el protagonista puede cerrar una puerta y esta aparece automáticamente abierta medio segundo después o derribar a una persona por un pasillo sin que ésta se inmute y dicha escena no se registre (ya que no ocurre en la realidad) mientras el «derribado» continúa caminando en la siguiente toma como si nada hubiera ocurrido (es que en la linealidad del relato, nada tangible sucede en ese cruce de universos entre vivos y muertos).

Así dadas las cosas, el filme logra un clima de espectral y enloquecedora soledad que supera ­incluso­ su propia resolución. Más allá de los vaivenes argumentales donde también aparece en escena una particular joven rebelde (Margarita Levieva) como pieza clave del asunto, «Invisible» se impone a la manera de una pesadilla visual que puede generar un sutil desasosiego en la platea. Emparentada ligeramente con una propuesta de tono policial, que entrecruza el territorio onírico con la presunta verosimilitud, la película ­sin embargo­ termina perdiendo pie en un desenlace muy viciado por esos clisés hollywoodenses de todos los días. Esos finales que necesitan del sacrifico purificador, la promesa cumplida y un amplísimo espacio abierto que cierre el largometraje con alguna imagen esperanzadora y tirando a sublime. Por cierto, la realización sueca resulta bastante más oscura e impactante, aunque ya se sabe que todas las comparaciones son odiosas. *

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