LA REPUBLICA EN EL FESTIVAL DE TEATRO DE PORTO ALEGRE

Drama rural, drama urbano, ballet universal

Fernando e Isaura. Auto da compadecida, que fuera un éxito en su versión montevideana dirigida por Gustavo Adolfo Ruegger, mostró a Ariano Suassuna (Joao Pessoa, 1927) como un inteligente y cálido observador de los usos y costumbres del Nordeste brasilero, en particular de Pernambuco. «Fernando e Isaura» basada en su novela «La historia de amor de Fernando e Isaura» (1956) cuenta un amor rural, ilegal y luego frustrado; frustrado, más que nada, por la conducta autodestructiva del protagonista, interpretado el actor Bobby Mergulhao. Hemos leído que el argumento reproduce el de «Tristán e Isolda»; pero fuera del tema «amantes desdichados», no pudimos comprobar el aserto. La pieza es impecable; pero por partes. La música en vivo, nada protagónica, es profesional; los actores interpretan, cantan y bailan muy bien; las luces son precisas y crean climas; la escenografía y la utilería, en estilo miniaturizado, tienen gracia y funcionan. No encontramos el acabado, ese barniz que unifica los colores, ese pulido que hace a los muebles suaves al tacto, el «tutti» final de la orquesta que convoca a sus partes a la aventura de un destino plural.

«O beijo no asfalto», de Nelson Rodrigues, es una puesta en escena enérgica y original de Helquer Páez (Santa María, Río Grande do Sul). Páez realzó la concisión de Rodrigues, definió con firmes líneas las escenas, imprimió un ritmo febril que creció hasta una dimensión entre alucinante y persecutoria. Los diálogos tienen el sello de Rodrigues: aquello es verdad, los policías son policías, el mal periodismo está tal cual, la hipocresía campea en las relaciones familiares. El autor no deja de recoger un solo conflicto no bien lo atisba; dispara dardos contra la familia autoritaria; muestra los errores de la credulidad; hace evidente la paranoia de las actitudes moralistas que acechan el menor afeminamiento. En un elenco muy solvente, destacamos la actuación de nuestro amigo, antiguo colaborador de Luciano Alabarse en los festivales, «Dunga» (Antonio Carlos Brunet), como el padre.

«Big in Bombay» de Constanza Macras, se lleva, por ahora pero por mucha distancia, el premio al espectáculo más divertido. Compendiar sucintamente lo que ocurre (dramaturgia de Carmen Mehnert) podría ocupar un libro y habría que ver la obra varias veces, porque suceden más de una escena (que suelen ser rápidos » gags visuales. El escenario, que es uno de los logros mayores de «Big in Bombay» y pieza de gran importancia en su realización, tiene tres partes. A la derecha del espectador hay un local donde varias personas aguardan a ser llamadas, este local se comunica con el techo por una escalera; al frente del espectador hay un espacio vacío, que tanto puede dar a una pared como desvanecerse y que se comunica con el local; a la izquierda están las instalaciones de una orquesta y a menudo, pero no siempre y siempre sin orden, con sus músicos. Los bailarines danzan y actúan en el local, el techo, el espacio vacío. Sucede de todo: un hombre y una mujer se precipitan a hacer el amor no bien se ven, sea en el techo, sobre unas sillas, una mesa, la escalera y también de pie, con un fervor que ignora cualquier estorbo y cualquier inhibición; se cuenta brevemente una historia del peronismo, la política argentina y del mundo; hay un bailarín, acróbata y atlético, de expresión extraviada, que canta, baila, se derrumba estrepitosamente, se levanta, tropieza y vuelve a caer, entre toses asmáticas y con un permanente cigarrillo; otro se disfraza de oso blanco; una rubia da unos saltos mortales tan arriesgados que hacen temer por la integridad de su cabeza; un barbudo lanza toda clase de objetos (carritos, sillas, botellas) desde el techo sin que hasta ahora se sepa por qué; se parodia al dúo Pimpinela; se canta, habla (hay traducción mediante proyecciones en portugués) en inglés, español, portugués, alemán y algún otro idioma que se nos escapa. «Big in Bombay» tiene la alegría de la invención constante y una energía que parece venir de todas partes. *

 

FERNANDO E ISAURA (Pernambuco), adaptación de la novela de Ariano Suassuna por Carlos Carvalho, con Bobby Mergulhao, Paula de Renor, Cira Ramos, Carlos Lira, Marcelino Dias, Ana Montarroyos y Sergio Gusmao. Escenografía y vestuario de Uziel Lima y Danta Suassuna, iluminación de Alberto Trindade, banda sonora de Sérgio Campelo, letras de las canciones y puesta en escena de Carlos Carvalho. En teatro Renacença, Porto Alegre.

O BEIJO NO ASFALTO (Santa María, Rio Grande do Sul), de Nelson Rodrigues, con Antonio Carlos Brunet, Lauren Montserrat, Daniel Lucas, Angela Rechia, Julieno Vaconcellos, Jefferson Ilha y Fernanda Araman. Escenografía, banda sonora, vestuario y dirección de Helquer Paez. En teatro Carlos Carvalho, casa de la cultura Mario Quintana, Porto Alegre.

BIG IN BOMBAY (ballet, Alemania), coreografía y dirección de Constanza Macras, dramaturgia de Carmen Mehnert, con Sabih Amaroui, Yeni Anarika Vargas Sánchez, Knut Berger, Nir de Volff, Hill Emerson, Claus Erbskorn, Jared Gradinger, Margret Sara Gujonsdottir, Rahel Savoldelli, Jo Stone, Anne Tismer e Isabelle Redfern (bailarines). Escenografía de Lars Müller, música de Claus Erbskorn y Julian Klein, vestuario de Gilvan Coelho de Oliveira. En teatro SESI, Porto Alegre.

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