Todo tiempo pasado fue peor
Vale para Orlando Petinatti. En radio, primero en Océano FM y ahora en Futura, logró ser el comunicador o entretenedor de mayor éxito en los últimos 15 años. Tuvo momentos en los que sólo se habló de él, que logró parar una ciudad, que se escuchaba en todos los ómnibus.
Quizás esto último mereciera alguna crítica, porque si bien actualmente no están siguiéndole tanto –de cualquier manera es el de mayor audiencia–, muchas veces sus temas no son aptos para menores de 12 y suele ocurrir que en el pasaje hay muchos niños o mayores que no gustan de su estilo y se ven obligados a oírlo por capricho de conductor y guarda.
Y además, uno se pregunta, si el ómnibus tiene un cartelito de «prohibido hablar al conductor», para no distraerlo, no encuentra explicación que el volumen esté muy alto para que todos los pasajeros sigan con detalle sus pensamientos y el conductor y guarda sean partícipes de los dichos y conflictos armados en parejas desparejas.
Pero esto únicamente vale para encontrar a Petinatti en la tele.
Fueron años en Teledoce, se acuerdan de sus «Noches de miércoles», y luego en el 10 con «Distracción», aquel bodrio de los participantes pegándose, tirándose tortas amén de otros castigos groseros.
Fueron ejemplos de un conductor que no lograba encajar en la tele. Aparecía siempre muy gritón, pasado de revoluciones de divismo pero carente de gracia, sin trasmitir su cuota de complicidad que lo visual no podía condimentar ni leudar.
Todo eso parece haber quedado atrás. El nuevo programa en Saeta, «Mundo cruel», en sus dos primeros programas, jueves 23 y 30 de agosto, lo muestran más suelto, más agudo, menos agresivo, más acotado.
En su debut, presentó a cuatro panelistas, entre los que destaca la belleza de Patricia Wolf, con unos ojazos claros para alivianar cualquier crueldad mientras Diego González se muestra en el papel del cínico, Juan Sebastián como el más dubitativo y Rufo Martínez como el más crítico y lúcido.
En todo el programa campeó un humor que casi siempre eludió la grosería y en el cual el conductor se burló de sí mismo cuando afirmó que «si será este un mundo cruel cuando él vuelve a la tele».
Puede anotarse en lo negativo la insistencia de este «Mundo cruel», lo que puede asimilarlo a los demás canales privados, en el esfuerzo por tomarle el pelo al presidente venezolano, Hugo Chávez, ya que molesta y mucho a los emisores privados.
De allí se pasó a contradicciones de políticas. Del propio Chávez, de Michelini y de Jorge Batlle –este en el asunto de la valija llena de millones de dólares–. Luego a la inutilidad de las primeras damas, con ciertos momentos parecidos al descrédito, ya que cayeron Julia Pou con su «Acción solidaria», Mercedes Menafra con «Hecho acá» y María Auxiliadora con la presencia en el funeral del Papa.
Olvidaron, por jóvenes, a Josefina Herrán de Bordaberry y sus «Voluntarios de coordinación social».
El segundo bloque estuvo sostenido con humor sobre noticias, con los repiques de Petinatti, casi siempre ajustados.
El tercer bloque fue sin duda el mejor.
Los entrevistados, Graciela Alfano de cincuenta y tantos años y su marido, Matías Alé, de apenas 30.
En este caso, el conductor se manejó con buena soltura –vale precisar que los entrevistados también acompañaron la desfachatez–y ese amor extraño de la veterana diva con un muchacho que ha sido calificado montones de veces como «mantenido».
La desenvoltura y el descaro recorrieron juntos, a satisfacción, este tiempo
Otro de los bloques se llamó «Entrevistas afanadas», en las que Petinatti con aire de periodista serio pregunta a un político que ha sido entrevistado en otro programa.
En el primer día el centro de la broma fue el ministro de Economía y Finanzas, contador Danilo Astori, tomando respuestas del programa de Aldo Silva, «Código país».
El esquema es novedoso, nadie se había atrevido a ello, porque las preguntas del conductor aparecen compaginadas con intenciones claras, de pura broma, como fue con Astori, donde se insistió en hacerle responder que estamos en un país sin rumbo y como respuesta «No tenga la menor duda» y que no va a fracasar la idea de fundir al país y la respuesta reafirmatoria de «no vamos a fracasar».
Ya se sabe que es muy fácil el humor contra el gobierno. Hay que aceptarlo.
Quizás no se pueda decir lo mismo de la segunda entrevista afanada, la del jueves 30, con Pedro Bordaberry –del programa original «El pueblo quiere saber» de Gerardo Sotelo, que habría que preguntar a los programadores del 10 por qué fue levantado sin mucha explicación–. En este caso, las preguntas no tuvieron tanta premeditación o alevosía, lo que las devalúa bastante porque el juego estará aceptado si todos caen bajo similares intenciones aunque las primeras –debe admitirse– valieron cuando la consulta fue sobre cuántos seguidores ha perdido el nuevo Bordaberry en estos tiempos.
En el segundo programa también hubo un entrevistado capaz de entretener, el director de la revista «Paparazzi» de Argentina y panelista de «Intrusos en el espectáculo», Luis Ventura, quien lanzó dardos fuertes contra algunos de los porteños que son estrellas.
Como buen vecino de enfrente, por supuesto, lleno de palabrotas, que ni siquiera Petinatti igualaba.
El juego del programa, al final, es pura propaganda de Ancel. No da para más. El saldo de lo hasta ahora visto merece aceptarse como lo mejor que ha hecho Petinatti en la tele.
Habrá que ver si mantiene el desenfado en carriles normales y ecuánimes. *
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