Entre el pasado y el presente

Pinturas y platería peruanas

Hasta el miércoles, de 15.00 a 20.00 horas (horario excepcional), se puede ver en el Museo Zorrilla Perú, una joya. Como en anteriores ocasiones y por cuarta vez, son dos muestras en una. El Patronato Plata del Perú, empeñado en difundir las virtudes de sus formidables artesanos plateros cusqueños continuadores de una vieja tradición, vuelve a presentarlos con trabajos recientes, conjugando el virtuosismo técnico con la banalidad costumbrista, a diferencia de la riqueza expresiva de sahumadores en forma de armadillos o ciervos, faroles de plata o coronas de baile y la deliciosa filigrana de plata de un juego de comedor miniatura, con numerosas sillas y mesa con mantel de exquisita orfebrería, pertenecientes a los siglos XVIII y XIX.

La pintura que se desarrolló en el virreinato de Perú a partir de la conquista española, fue realizada por artistas europeos que poco a poco fundaron talleres instruyendo a la población local en la actividad pictórica. De ayudantes, los indígenas pasaron a maestros pero no siempre, por lo menos en las sucesivas muestras que pasaron por el Museo Zorrilla, alcanzaron el nivel de las escuelas quiteñas, bien conocidas en Montevideo a través de Galería Moretti y en Punta del Este, por Galería Sur, en tiempos lejanos.

La colección Barbosa-Stern , poseedora de una buena cantidad de pintura cusqueña, eligió poco más de una media docena de piezas de escaso valor expresivo. Hay amaneramiento y códigos de representación repetidos por los apremios comerciales para que fueron solicitados (las manos en plegaria en la Virgen de la Merced, se calca, como un sello uniforme, fastidiosamente, en los numerosos protagonistas de la composición, o muestra la debilidad dibujística en Transfiguración). Más aceptable es el manierismo de la Virgen de la leche o la Santa Faz, del siglo XVII, de sensible iluminación barroca. Y en especial, lo más inventivo, es el ondulante fondo de la Virgen de la Merced, donde el pintor cusqueño del Círculo de Mauricio García, a mitad del 1750, describe numerosos personajes con una libertad en la pincelada y una dinámica compositiva deliciosa que contrasta con el formulismo del tema central.

 

Historietas uruguayas en el CCE

ConSecuencias es el título elegido para la exposición de historietas uruguayas actuales en el CCE. En un discutible prólogo, el curador Felipe Hernández Cava elogia a los amigos, gestores culturales o dibujantes, sin la mesura necesaria. Porque la historieta presenta complejos aspectos a considerar. Como estructura narrativa que se desenvuelve en cuadraditos (por lo menos al principio), como texto escrito y como dibujo. Además, de la adecuada inserción en la publicación elegida. Pocos historietas alcanzaron, en el mundo, la categoría de Alberto Breccia que cumplió con todos los requisitos del género: excelente dibujante, audaz innovador en la composición al servicio de un texto atrapante.

La selección de ConSecuencias omite varias figuras importantes e incluye algunas prescindibles. Está muy bien montada y es, en general, atractiva. La sorpresa es Gabriel Cicariello, más conocido por la excelencia de diseñador gráfico, que ahora se luce con dominio en el trazo y una historia disfrutable, el humor de Nicolás Branca y el barroco virtuosismo de Renzo Vayra, indiscutible maestro. La variedad de propuestas, muchas de las cuales disimulan la precariedad del dominio técnico es, en la parcialidad seleccionadora, indicativa de la sobrevivencia del género que en su permanente cambio y adaptaciones a otros medios, conserva la fidelidad de numerosos adeptos. *

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